21 abr 2018

Las reflexiones del viejo profesor Aranguren sobre la felicidad. Primera aproximación

El otro día me dio por hojear un libro que compré en mi juventud (era el año 1976). Me estoy refiriendo a la Ética de José Luis López Aranguren. En aquel momento me dispuse a leerlo pero me di cuenta de que la tarea se presentaba compleja así que decidí dejarlo para otra ocasión y mantenerlo como libro de consulta para temas muy concretos. Lo he mantenido siempre a la vista, con respecto y cierto recelo. El otro día, hace un par de meses, decidí consultar de nuevo el libro y curiosear lo que escribía acerca de la felicidad, con intención de poner algo en este blog. Los años han pasado pero sigo teniendo la misma sensación, es demasiado para mí pero algo se puede extraer a riesgo de simplificar, pido disculpas por ello. En los dos próximos posts, por no hacerlo muy largo, espero explicarme y, de paso, aclararme yo mismo.

Nunca he hablado aquí del profesor Aranguren a pesar de que conservo de él un magnífico recuerdo, tanto por sus interesantes conferencias, a las que pude asistir y disfrutar en alguna ocasión, como por su persona, sus ideas y su trayectoria vital. Tuvo que soportar tanto los problemas en la universidad madrileña, cuando en 1965 junto con los catedráticos Tierno Galván y García Calvo fue sancionado y expulsado, como sus posteriores polémicas acusaciones de colaboracionismo con el régimen franquista.

Volviendo a lo que nos ocupa, las amarillentas páginas del libro, no originales sino fruto del paso del tiempo, están llenas de referencias filosóficas, sobre todo en latín y griego, que me hacen admirar todavía más la mente del viejo profesor. Pensar que alguien fue capaz de escribir semejante tratado me causa mucho respeto. Admitida la renuncia, me concentré en investigar lo que Aranguren incluía sobre la felicidad, eso ha sido algo más accesible para mí.

He encontrado en el libro varios capítulos breves pero muy interesantes dedicados al concepto de felicidad. Me gustaría hacer referencia a algunas ideas que desarrolla el profesor porque creo que, a pesar de haber pasado más de cincuenta años, aporta interesantes perspectivas al estudio filosófico de la felicidad.

El libro en su conjunto es un tratado de investigación sobre la ética filosófica con tres referentes fundamentales: Aristóteles, santo Tomás y Zubiri. Metodológicamente se confiesa más cercano al primero pero que su concepción de la ética está más cerca del tercero. Asimismo se confiesa católico pero se quiere mantener sin apologías con una sensibilidad filosófica como tarea inacabada y, a la vez, católico. Así, a pesar de que se quiere mantener en lo pensado y en lo vivido, su empirismo se tiñe de lo que llama él "acción católica". esta es la parte menos convincente del tratado.

Como no podía ser de otra manera, Aranguren comienza su análisis de la felicidad con Aristóteles, con su conocida afirmación de que todos los hombres apetecen el bien. Se apoya de inicio también en santo Tomás cuando afirmaba que la realidad entera es buena y si la realidad entera es buena, como no es posible apropiárselo todo hay que elegir. Entre todas las posibilidades hay una a la que tendemos necesariamente porque está siempre incorporada y es una inclinación natural: es la felicidad. Concluye que la estructura humana es constitutivamente "felicitante".

Pero, aclara Aranguren, hay dos concepciones unilaterales y erróneas de la felicidad, la felicidad como una "fortuna exterior", como una suerte o destino y, al revés, como un "estado puramente subjetivo". La felicidad en sentido ético no es esencialmente ni lo uno ni Io otro: "La felicidad es la apropiación última de nuestra posibilidad mejor; es decir, la obra del hombre en sí mismo, la praxis de mi propia realidad". Esa tendencia constitutiva del hombre a la felicidad tiene sus límites cuando la felicidad no puede ser y se convierte en algo más modesto: "entre el mayor bien o el menor mal concretamente posibles".

Volviendo a Aristóteles, la vía para alcanzar la felicidad la define como una pirámide de medios fines. En la base se sitúan todos los bienes que no se buscan por sí mismos sino por otros, después aquellos que pudiendo buscarse por sí mismos están ordenados a otros y en lo más alto los que se buscan por sí mismos, precisamente la felicidad.

De la mano de santo Tomás y Aristóteles define las tres determinaciones abstractas de la felicidad: el placer, la virtud y la contemplación. Esto lo dejamos para el próximo post.

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