18 nov. 2013

La duda y el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC)

Quién no tiene dudas sobre si se ha dejado la puerta cerrada, si no se habrá dejado el agua del lavabo abierta, o la luz encendida, o cuando sale de viaje no da vueltas a la cabeza sobre si se habrá dejado algo olvidado. Incluso algunas veces volvemos pero está todo en orden, aunque estuviéramos casi seguros de que algo estaba mal. Quién no ha tenido o tiene algún ritual que realiza inconscientemente antes de determinadas tareas cotidianas y sin las que se siente un poco intranquilo, inseguro. Quién no ha tenido momentos de duda en los que tiene pensamientos repetitivos, de ida y vuelta, sobre si tomar una decisión u otra. Constantemente, ¿verdad?

Esto lo comento porque el pasado jueves 14 de noviembre tuve el privilegio de asistir a un seminario en la Fundación Ramón Areces sobre "La enfermedad de la duda: el TOC". Es un tema del que últimamente estoy oyendo hablar mucho y que me parece muy interesante traer aquí por lo que he comentado antes sobre que prácticamente todos tenemos alguna obsesión oculta y un montón de dudas que rondan por nuestra cabeza. Conociendo este problema se puede llegar a aprender mucho de los límites que hay entre las dudas y rituales que se pueden considerar como normales y el verdadero padecimiento de esta enfermedad, de la que falta todavía mucho por investigar.

El seminario estaba coordinado por Jerónimo Saiz Ruiz, del Hospital Universitario Ramón y Cajal, y José Manuel Menchón Magriñá, del Hospital Universitario de Bellvitge. La magnífica conferencia inaugural, "Concepto y clasificación del Trastorno Obsesivo-Compulsivo en la psiquiatría actual", fue impartida por el profesor Juan José López-Ibor Aliño, de la Universidad Complutense de Madrid. Asimismo, participación conocidos expertos internacionales en diferentes campos que están estudiando el TOC (ver programa).

El TOC es un trastorno psicológico conocido desde hace tiempo que afecta a más de un 1% de la población en Europa y que, según la Organización Mundial de la Salud, está entre las diez primeras causas que producen discapacidad. Está encuadrando dentro de las enfermedades mentales de acuerdo con la última edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM-5) de la American Psychiatric Association (APA), publicada en mayo de 2013.

La enfermedad se está estudiando desde distintos campos de investigación, incluida la genética que estuvo muy bien explicada en el seminario por Angel Carracedo de la Universidad de Santiago. Todo apunta a causas neurobiológicas y se plantean, además del tratamiento farmacológico (básicamente los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, SSRI en inglés), las técnicas psicoterapéuticas (se habló mucho de terapias de conducta y de la técnica de la exposición con prevención de respuesta) o la implantación de electrodos en el cerebro mediante la conocida técnica de estimulación profunda del cerebro (en ingles DBS).

Se presenta el TOC cuando aparecen obsesiones (en forma de ideas, imágenes o pensamientos que son intrusos, recurrentes y desagradables) y compulsiones (comportamientos repetitivos o rituales con los que se quiere neutralizar la angustia que produce la obsesión que se viven como imperativos). Hay diferentes tipos pero los más frecuentes se pueden agrupar en dos clases: reactivos (los que tienen que ver con rituales de limpieza por miedo a la contaminación/contagio, la comprobación repetitiva por dudas, las obsesiones de orden o simetría, la acumulación, etc.) y autógenos (de tipo sexual, religioso, agresivo, relacionados con inmoralidades, etc.).

El TOC suele venir acompañado de graves limitaciones en la calidad de vida como consecuencia de la evitación de situaciones y la pérdida de tiempo en los comportamientos rituales. Lamentablemente, un número importante de casos no son diagnosticados ni tratados hasta muchos años después de su aparición. Los síntomas suelen empezar entre los 10 y los 24 años y pueden ser desencadenados por algún evento negativo pero también positivo como puede ser una asunción significativa de responsabilidades (por ejemplo, en adultos un ascenso).

Lo importante es darse cuenta de que mantenemos el control de las obsesiones, si es así todo irá bien. Es necesario también darse cuenta de si tenemos alguna dificultad para distinguir lo relevante de lo irrelevante o si tenemos episodios significativos de desvío de la energía mental. También tener cuidado con los efectos secundarios que se pueden presentar por pensar en exceso sobre esas obsesiones o compulsiones que pueden desencadenar en sentimientos de ansiedad, culpabilidad, cambio de humor, remordimiento, angustia, etc.

Según los expertos, estos síntomas vendrán siempre modulados por aspectos como los antecedentes familiares, el aprendizaje, las experiencias vividas, la vulnerabilidad genética, la personalidad, la sensibilidad a la ansiedad, la forma de afrontar el estrés, etc.

A este respecto, como recordó López Ibor, el psicólogo suizo Oskar Pfister dijo que hay una gran cantidad de representaciones y comportamientos que ratificamos y que conocemos como manifestaciones de nuestro libre albedrio, las cuales parecen tener un origen y estructura totalmente diferentes de las obsesiones, y que, sin embargo, están íntimamente relacionadas con ellas y fácilmente pueden convertirse en ellas. Ambas son un mecanismo para defenderse de la angustia.

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