9 dic. 2013

Adiós a Nelson Mandela

No vamos a añadir nada nuevo sobre lo que ya se ha dicho y escrito acerca de Nelson Mandela tras su muerte. Desde aquí sólo quiero dedicar un pequeño recuerdo a un hombre que debería ser referencia para muchos políticos que ahora, desde las antípodas geográficas o ideológicas, se limitan a cumplir el trámite de escribir públicamente sus lamentos, asistir a los actos oficiales y pasar página rápidamente.

Lo importante de Mandela ahora, más allá del mito, la leyenda o incluso su santificación, es reconocer su calidad humana y asegurar su legado. Como hombre ha sido un ejemplo de capacidad de liderazgo personal, carisma, dignidad, generosidad, coherencia, humildad, capacidad de seducción, encanto, seguridad en sí mismo... Muy grande tuvo que ser este hombre para conseguir él solo convencer a un país entero sumido en la violencia a emprender en conjunto la senda democrática, el camino de la reconciliación y la paz. Por algo ha sido la única persona que ha recibido el Premio Nobel de la Paz y el premio Lenin, así como la Medalla Presidencial de la Libertad en los Estados Unidos.

Su legado debe ser un ejemplo de lucha ideológica y fuente de inspiración para la paz y la reconciliación. Desde que salió en libertad el 11 de febrero de 1990, después de 27 años en la cárcel, emprendió su cruzada ("mi lucha es mi ideal") contra el apartheid y en pro de la reconciliación. Sin embargo, hoy las cosas no van como él quisiera y se corre el riesgo de echar por tierra todo lo conseguido, incluso con corruptelas dentro de su propio partido, cuando todavía queda mucho por hacer en la lucha por la igualdad.

Nada más, una frase suya de despedida: "Son los cambios que hemos provocado en las vidas de los demás lo que determina el significado de la nuestra".

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