19 jun. 2014

La motivación, Capítulo IX. El conductismo I

Seguimos con la Teoría de la motivación, tenía el tema un poco abandonado. Toca ahora hablar de las explicaciones conductistas de la motivación, un tema complejo y extenso, difícil de resumir, por lo que me ha parecido conveniente dividirlo en tres y así se hace menos denso.

Ya hablé del conductismo en el Capítulo V de esta serie, en el que adelantaba que el conductismo trata de explicar de una forma empírica el comportamiento del ser humano mediante el estudio de sus actos. Estuvo en auge sobre la mitad del siglo XX a través del estudio de tres conceptos fundamentales: drive, learned motives e incentives.

El concepto de drive (que se suele traducir por impulso), según muchos ya fue contemplado en la teoría psicoanalítica de Freud, pero fue utilizado por primera vez en 1918 por Robert S. Woodworth, psicólogo americano, unido al concepto de homeostasis. Asumía que el impulso se produce, o activa, cuando las condiciones interiores de una persona cambian lo suficiente como para ser detectadas, de forma que en ese momento se produciría la reacción impulsiva que iniciaría los cambios motivadores. El impulso serviría por tanto para modificar el comportamiento, innato o aprendido, para contrarrestar el estado de necesidad creado por un cambio.

El modelo teórico más extenso del impulso lo desarrolló Clark Hull en los años cuarenta del siglo XX, autor de una fórmula que ya vimos en el Capítulo V. Hull defendió que el impulso es consustancial a la naturaleza y que varios motivos, como el hambre, la sed, o el sexo, podrían agregar al nivel global de impulso ya existente uno adicional que denominó drive stimuli. Hull sugirió que el aprendizaje dependerá de si el impulso finalmente consiguió el cambio esperado, porque si no era así no se producía el proceso de aprendizaje.

Esta teoría propició muchos estudios que trataron de demostrar sus planteamientos, sin mucho éxito y, una vez más, no se encontró nada concluyente. Los estudios demostraron que los aumentos en la actividad que se producen cuando a un sujeto se le priva de algo (es decir, un desequilibrio homeostático) dependen mucho de la especie (puesto que los experimentos se hicieron con otros animales como los ratones) y de la manera en la que se certifica la actividad (diferentes maneras de comprobar las respuestas a los estímulos).

Además, no quedó claro que el drive stimuli, el mecanismo de respuesta propuesto por Hull, fuera fácilmente identificable, si es que existe, y cuál era su papel en el comportamiento. Y, por último, algunos estudios demostraron que el aprendizaje se puede dar en circunstancias que parecen excluir la existencia del impulso o del drive stimuli.

Es por eso que la teoría del drive no volvió a tener mucha aceptación en el estudio de la motivación. Sí ha quedado como elemento de trabajo para ciertos entornos en los que las personas expresan sus sentimientos subjetivos de la motivación en términos de impulso, como en los sentimientos asociados a la motivación sexual de los humanos.

Seguiremos con el conductismo hablando de la motivación incentivada.

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