21 abr. 2015

Dioses, héroes y atletas que siguen impresionándonos

Alguien ya dijo que no solo de pan vive el hombre, en las Sagradas Escrituras está escrito, y otros no menos listos han hablado de los beneficios que ciertas actividades culturales tienen para nuestra salud, estabilidad emocional o en el buen humor. Está claro que el ser humano tiene otras necesidades más allá de las meramente alimenticias: ¿Quién no ha disfrutado de alguna actividad cultural en la que haya sentido algo indescriptible en su interior?

Eso me paso el otro día cuando fui al Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid, situado en Alcalá de Henares, en el que actualmente se puede ver, hasta el 26 de julio de 2015, la exposición "Dioses, héroes y atletas. La imagen del cuerpo en la Grecia antigua".

Fueron los griegos los que primero ofrecieron a la vista pública un cuerpo desnudo, fundamentalmente masculino, de dioses, héroes o atletas. Y siempre con unas formas perfectas casi imposibles de imitar, porque para eso eran criaturas virtuosas y en algunos casos inmortales. Como dato anecdótico, el primer desnudo público de un cuerpo de mujer lo realizó el escultor Prexísteles, cuando representó un desvestido circunstancial de Afrodita, ya en el siglo IV antes de nuestra era, varios siglos después que el desnudo de los varones.

Bien, ese momento especial del que estoy hablando, que podríamos hablar aquí de algo así como una de las experiencias cumbre de las que hablaba A. Maslow, pero sin el sentido religioso que él daba a esos momentos, o algo parecido al concepto de flujo de Mihaly Csikszentmihalyi, se produjo estando yo frente a la estatua que se ve en la imagen de este post. Se trata del "Kouros del Ptoion", de mármol de Paros, encontrado en el santuario de Apolo Ptoios en Beocia y perteneciente al Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

El kouros, o muchacho desnudo, es una de las figuras más representadas en los santuarios o necrópolis de la Grecia antigua. Se utilizaba como ofrenda a los dioses o para la señalización de tumbas pero sin representar a nadie en particular salvo las inscripciones concretas con que iban acompañadas. Estar frente a él durante varios minutos (algún visitante me llegó a mirar con algo de extrañeza por mi obsesiva mirada) me transportó a aquellos años que tanto me han impresionado desde siempre (Ver post sobre Allí donde todo comenzó).

No es fácil describir lo que se siente ante una estatua de mármol que sabes que fue realizada por nuestros antepasados de hace más de 2.500 años, sus manos las hicieron, su ojos las admiraron y hoy, tanto tiempo después, nosotros estamos frente a ese kouros tratando de imaginar qué les pasaba por la cabeza a los que esto hicieron. Ya digo que no es fácil de describir pero, sin duda, el momento me resultó mucho más positivo que cualquier ejercicio de relajación (del que por cierto hable hace poco: Ver post) y que yo aconsejaría a cualquier persona, sobre todo para aquellos que pasen por un momento de ansiedad.

También me impresionaron mucho otras de las riquezas que allí se presentan (oríginales porque también hay réplicas), traídas directamente del Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Por ejemplo, un precioso escifo (taza de vino con dos asas) de Cábiros o un altar cilíndrico de mármol representando a los dioses olímpicos procedente del Altar de los Doce Dioses en el Ágora de Atenas. Solo con escribirlo siento escalofríos recordando el momento.

Id a verlo y me contáis. Me despido con otro de los momentos cumbre que sentí al ver y leer algunas de las leyendas que aparecen en restos funerarios que se muestran en esta exposición: "Aquí yace, que la tierra te sea leve" (HIC SITVS EST; SIT TIBI TERRA LEVIS). Qué bello!


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