24 abr. 2016

Gratitud por haber vivido


Los últimos escritos de Oliver Sacks antes de su fallecimiento en 2015, y después de completar su biografía En movimiento (Ver post), se han reunido en un pequeño libro con el título de Gratitud (Gratitude), publicado por la editorial Anagrama en España. Para los que le hemos seguido en sus últimos años poco añade. Sí tiene el valor, que no es pequeño y por eso me lo he comprado y leído, de ofrecer reunidos sus últimos escritos en un libro y evitar así desempolvar dentro de unos años viejos papeles de periódico amarillentos y deteriorados por el paso del tiempo. Obviamente yo, a pesar de tener ahora el libro, nunca tiraré esas páginas de periódico.

Se incluyen cuatro ensayos de los que ya he hablado aquí en alguna ocasión. El primero, Mercurio (The Joy of Old Age (No Kidding), su título en inglés),  lo escribió poco antes de cumplir los 80 años y sirve para conocer su opinión sobre la vejez, su fragilidad y fugacidad, pero que permite ver las cosas con gran perspectiva. Eso lo decía cuando todavía no conocía la limitación de su futuro. Se recrea sobre la analogía entre las edades del ser humano y los elementos del Sistema Periódico que todos hemos utilizado cuando estudiábamos Química (el Mercurio es el elemento número 80).

Este primer artículo es quizás lo más interesante porque en él expresaba su impresión de que "la vida está a punto de comenzar, solo para comprender que casi termina" o cuando se lamentaba por haber desperdiciado mucho tiempo. ¿Y a quien no le pasa eso a medida que se va cumpliendo años, diría yo? Es más, desconociendo su trágico final, está esperanzado por comprobar lo que su padre (fallecido a los 94 años) le decía sobre que la década de los ochenta a los noventa había sido la que más había disfrutado.

Cuando recibió la noticia de que un cáncer, detectado diez años antes en el ojo, le afectaba al hígado y le auguraban seis meses de vida (eso era en febrero de 2015), escribió el ensayo De mi propia vida (Ver post), que es donde expresa su gratitud por haber vivido una buena vida (publicado en el The New York Times) y con una gran repercusión en todo el mundo.

Más tarde, ya en su recta final pero en un período de relativa estabilidad emocional y de salud, publica Mi tabla periódica  y, finalmente, su último artículo, Sabbat, escrito y publicado dos semana antes de su muerte, el 30 de agosto de 2015.

Poco más que decir, es un libro para leerlo y guardarlo muy cerca del corazón.

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