7 oct. 2017

Nobel de Medicina para los ritmos circadianos

Cuando en su día hablé del libro de Sonja LyubomirskyLos mitos de la felicidad (Ver post), entre los temas a los que dediqué más espacio estaba el de lo que ella denomina "la caída ultradiana", un concepto complementario al del ritmo circadiano. Este concepto aparece aquí otra vez porque en esta semana se ha concedido el Premio Nobel de Medicina 2017 a los estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young por sus trabajos sobre el ritmo circadiano.

El premio lo han ganado por sus trabajos sobre los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano. Gracias a ellos se sabe que los seres vivos tienen en sus células un reloj interno que se sincroniza con la rotación de la Tierra. Así, muchas de nuestras constantes biologías (presión sanguínea, temperatura corporal, liberación de hormonas) o incluso aspectos vitales como la regulación del sueño o las costumbres alimentarias se regulan al ritmo de este reloj interior de 24 horas. Un buen ejemplo de ello son los desajustes provocados por los cambios horarios, conocido como efecto jet lag.

Si bien su existencia se conoce hace siglos (circa-dia, que da idea de algo que se produce aproximadamente en un día), han sido estos científicos los que asociaron un determinado gen al ritmo biológico normal y, sobre todo, detectaron que cada célula tenía un reloj interno autorregulado, que existe tanto en formas de vida unicelulares como en organismos multicelulares como plantas y animales, incluidos lógicamente los seres humanos.

Bueno, no me voy a meter en descripciones demasiado técnicas que me exceden, mejor recomiendo leerlo en la más que interesante nota de prensa de la página web oficial del Premio Nobel (Ver). Lo que he tratado aquí es llamar la atención sobre la importancia que tiene nuestra biología en nuestro comportamiento. Hablo tanto de los ritmos circadianos como de los ultradianos de Sonja Lyubomirsky (que recuerdo los define como ciclos de entre 90 a 120 minutos durante el sueño pero también cuando estamos despiertos) a los que sigue la "caída ultradiana" (un período de unos veinte minutos en los que sentimos fatiga y dificultad para la concentración).

En definitiva, lo importante es tener en cuenta estas variaciones diarias para conocernos mejor, a nosotros mismos y, vinculado a ello, para tratar de mejorar en nuestra relación con los demás y ,finalmente, en nuestro propio bienestar.

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