12 oct. 2020

Querer, hacerse o parecer joven

Me regalaron el libro de Leopoldo Abadía, Yo de mayor quiero ser joven, que lleva como subtítulo "Reflexiones de un chaval de 82 años". Son las reflexiones de una persona con una larga trayectoria profesional y vital a sus espaldas. Normalmente eso tiene su interés, siempre hay algo que aprender de las experiencias de los mayores. En este caso, aun con las notables diferencias ideológicas y de costumbres, lo he leído con interés y procurado extraer o, mejor dicho, confirmar algunas evidencias que me parecen muy oportunas.

Lo cierto es que el libro está lleno de lugares comunes y de anécdotas condimentadas con una sibilina capa de barniz de autobombo. Incluye, tanto en los títulos de los capítulos como en los diferentes apartados, expresiones del tipo "Yo de mayor quiero ser..." y "Yo de mayor no quiero...". Muchas son bastantes obvias, los típicos tópicos de los libros de autoayuda, fáciles de enunciar pero poco prácticos o creíbles. En cada caso ofrece ejemplos de referentes, como: Miguel Dominguín, J. F. Kennedy, Tierno Galván, Julio Iglesias, etc.

De todo lo que incluye me gustaría resaltar algunos temas con los que estoy muy de acuerdo y sus explicaciones resultan más convincentes que en otros casos, o por lo menos que aportan algo más, siempre según mi punto de vista.

Primero, cuando habla de tener criterio. Resalta como objetivo, cuando sea mayor claro, el tener criterio propio. Es uno de los temas que más me convencen de todo el libro y con el que estoy más de acuerdo. Distingue entre las personas que piensan por sí mismas y las que no, entre las que discurren y las que no son capaces de discurrir, que se dejan influenciar. Como dice: "Discurrir es, esencialmente, seguir buscando respuestas de forma autodidacta sin que nadie te las dé". Sobre todo, cuando se es mayor, dice, y yo lo suscribo, hay que fomentar la capacidad para seguir trabajando la cabeza y que esta funcione para llegar a conclusiones por nosotros mismos.

Otro punto destacado, para mí, es su idea de sacar lo mejor de las personas. Como dice, nadie es tan tonto como parece, se trata de buscar y conocer a los demás. Me parece perfecto. Demasiadas veces hacemos juicios de valor sobre cosas o personas que son subjetivos y nunca definitivos, todos cambiamos. En este sentido, aboga por ser educados y darse cuenta de que tratamos con personas con diferentes ilusiones, ambiciones o preocupaciones. Estoy de acuerdo con él, en demasiadas ocasiones confundimos la libertad de expresión con la mala educación.

Finalmente, es curioso que, en relación con las creencias religiosas y la muerte, incluye varios comentarios sobre su condición de muy creyente y sus discrepancias, expresadas con mucho respeto eso sí, con Stephen Hawking. Pero, ahí viene lo curioso, dice que él quiere morir con dignidad por si acaso al final Hawking llevara razón y no hubiera un más allá.

Al final, prácticamente en un párrafo, resume, y coincido con él en todo, que lo que pretendía con el libro es decir que: "Yo de mayor quiero ser joven". Parecía claro desde el principio, pero matiza, y ahí viene lo interesante. Lo que quiere no es hacerse el joven, porque es consciente de que es viejo, lo que quiere es contagiarse de las ilusiones de la juventud, de las imprudencias sanas, de las ganas de trabajar, de las nobles ambiciones de la juventud, de las ganas de eliminar lo que no nos gusta, etc.

Lo dice, y queda como mera intención, como objetivo ideal, porque a mí me ha parecido que a lo largo del libro se desprenden algunas afirmaciones que podrían estar en franca contradicción con esa declaración de intenciones. Démoslo por bueno. Y demos por buena su despedida afirmando que lo que quiere es huir de otros "viejos esterilizadores de ilusiones" que solo quieren vender a los jóvenes odio, desencanto, quejas y afanes de venganza. Olé por el final.

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