29 oct 2020

La biografía de la humanidad como un algoritmo evolutivo


Ambicioso libro este de José Antonio Marina y el historiador Javier Rambaud: Biografía de la humanidad. Nada menos que una historia completa de la humanidad. Pero no es una historia al uso, es algo más, es la búsqueda de una racionalidad, de un hilo conductor en la evolución. Su objetivo es indagar en una ciencia de la evolución cultural del ser humano que prolongue lo estudiado por la ciencia de la evolución biológica y que permita enunciar una ley del progreso ético de la humanidad.

En mi opinión el resultado es todo un éxito. Tiene el atractivo de ofrecer una versión verosímil y coherente de todas las vicisitudes con las que se ha desarrollado la historia de la humanidad y, aunque no aseguran un final feliz, logra hacer creíble la evolución "hacia un modelo ético universal que se caracterice por el respeto a los derechos individuales, el rechazo a las discriminaciones no justificadas, la confianza en la razón para resolver problemas, la participación en el poder político, las seguridades jurídicas y las políticas de ayuda".

Para no hacer esto demasiado largo pero consciente de que el libro merece suficiente espacio, voy a separar en dos mis comentarios. Primero, hablaré sobre el método utilizado en su análisis y en otro post hablaré de las principales conclusiones a las que llegan los autores. Por supuesto, lo que es meramente historia no aparecerá aquí. Sólo quiero destacar su asombrosa capacidad para incluir tantas historias, con minúscula, y con tanta capacidad de síntesis.

El análisis se basa en su idea de que la evolución de las culturas se rige por un mecanismo análogo a la mutación genética, un algoritmo evolutivo. Es el algoritmo cultural que utilizan para explicar cómo y por qué evolucionan las culturas a lo largo de la historia. Lo definen como un proceso en tres pasos. Primero, hay una fuerza impulsora que son las necesidades, deseos, expectativas y pasiones humanas. En segundo lugar, hay un mecanismo que proporciona soluciones a los problemas planteados por esos deseos. Finalmente, hay un sistema de selección que elige entre las soluciones y rechaza las restantes.

La fuerza impulsora, de raíces biológicas, procede de unas necesidades básicas comunes a todos los humanos. Son motivaciones que evolucionan, que se expanden. Las resumen en cinco: sobrevivir, aumentar el bienestar, vincularse socialmente, dar sentido a la experiencia y ampliar las posibilidades vitales. Todo ello se podría resumir en un objetivo "difícil de precisar" (sic) como es la felicidad: "Decir que la evolución de las culturas cuenta la historia de la búsqueda de la felicidad es de una superficialidad escandalosa, pero verdadera".

La búsqueda de soluciones a los problemas planteados por las necesidades básicas deja espacio a la creatividad humana, aparece la cultura como repertorio de soluciones a lo largo de la historia. Así, la evolución cultural es el paso del deseo a su satisfacción, es una historia de invenciones y fracasos. Pero, evidentemente, los autores no hablan de satisfacciones materiales porque "a diferencia de los animales, los humanos somos espirituales y buscamos no solo placeres físicos sino también goces espirituales".

Por último, el tercer paso en el proceso de evolución cultural que definen los autores es el criterio de selección. En este proceso las mejores soluciones se imponen a las peores, una obviedad pero es así. La evolución cultural ha privilegiado las soluciones que son del tipo "gana-gana", aunque otras veces se produce una suma cero y no se producen saltos evolutivos. Cuando entran en juego necesidades más complejas se hacen más complejos los criterios y cada entorno cultural evoluciona de una manera diferente. Sin embargo, las soluciones pueden aparecer en paralelo y, para los autores, existe un mecanismo convergente en el que cuando las soluciones entran en competencia las más poderosas desplazan a las más débiles.

Así es como inician los autores la enorme tarea de explicar la biografía de la humanidad, partiendo del momento en que nuestra especie da un gran salto con la aplicación de una nueva destreza, el pensamiento simbólico. A partir de ahí, nuestra especie incrementa su capacidad de aprender y enseñar, de desarrollar herramientas, físicas y mentales, que le permitan ampliar sus posibilidades de acción. Aquí se nota la mano de Marina, brilla, como era de esperar, y, como diría un aficionado taurino, deja el toro bien situado para la gran tarea de explicar la historia de la humanidad. Lo veremos en el siguiente post (Ver post).

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