13 abr. 2012

II Congreso Internacional de la Felicidad

La semana pasada tuvo lugar en Madrid el II Congreso Internacional de la Felicidad, organizado por el Instituto Coca-Cola de la Felicidad, el primer Congreso se desarrolló en Madrid en octubre de 2010. Tenía ciertas dudas sobre si hacer alguna referencia por el cariz tan comercial del evento. Al final me parece que merece la pena prestar atención al Congreso por tres razones.

En primer lugar, me parece muy interesante poder disfrutar en vivo de las personalidades que allí se dieron cita. No sólo por el inspirador del evento, Eduard Punset, sino también por la presencia de personajes como Luis Rojas Marcos, el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid e investigador sobre temas de psicología positiva Carmelo Vázquez, la psicóloga Alejandra Vallejo-Nágera, el filósofo Javier Sádaba, el psicólogo Javier Urra, así como otras personas más o menos chocantes como el monje budista Matthieu Ricard, asesor del Dalai Lama del que se han publicado entrevistas estos días en la prensa, y Sor María Lucía Caram, teóloga argentina y monja contemplativa de la Orden de Predicadores en el Convento de Santa Clara de Manresa.

Sobre este último personaje recomiendo recuperar un estudio de la Universidad de Kentucky que se hizo famoso hace unos cuantos años sobre la relación de las emociones positivas con la longevidad. El estudio conocido por "The Nun Study” (El estudio de las monjas) pretendía recabar datos sobre el envejecimiento y la enfermedad de Alzheimer pero se convirtió en un paradigma del estudio de la relación entre la felicidad y la longevidad. Por las características del colectivo, se considera muy significativo el resultado porque está aislado de factores externos que pudieran sesgar los resultados. La conclusión fue tan clara como que las monjas con una biografía más cargada de emociones positivas alcanzaban una media de edad de 93 años y medio mientras que las que tenían un perfil menos emocionalmente positivo llegaban a una media de un poco más de 86 años y medio (86,6).

En segundo lugar, me ha parecido muy de agradecer que los fondos obtenidos con las inscripciones al Congreso sean donados a las organizaciones: WWF, Exit y Cáritas. No creo que sea mucho dinero (la entrada al evento tenía un coste de 25 euros por día o 40 euros por los dos días y los estudiantes y profesores pagaban 15 euros por día o 20 por los dos días) pero algo es algo.

Sin embargo, lo que me ha decidido a comentar este Congreso ha sido poder dejar constancia del magnifico artículo publicado en El PAIS por Juan José Millás. Merece toda la difusión esta perla de Millas, siempre tan irónico,  perspicaz y certero. Aquí estamos por el optimismo pero no nos alejamos de la realidad. Lo transcribo por si no lo encontráis:


"Abróchense los cinturones porque resulta que no solo existe el escritor más leído del mundo y el cantante más escuchado y el político más poderoso, existe también el hombre más feliz del mundo, el más feliz, un monje tibetano al que patrocina Coca-Cola sin que, por razones urgentes de simetría, Pepsi-Cola subvencione al más desdichado (o la más desdichada: el genérico, que no funciona). ¿Qué necesidad, piensa uno, tendrá el hombre más feliz del mundo de anunciar un refresco? ¿Qué le falta aún, qué carencia fundamental le aqueja para acudir a un congreso sobre la felicidad organizado por una multinacional? Un congreso que dejará sin duda a los parias de la Tierra como a una panda de gilipollas, de leprosos, de gente con pocas habilidades sociales. ¿Por qué un ser feliz necesita restregar por la cara a los otros su bienestar? Señor feliz, asómese usted, por favor, a una vida cualquiera, a la de ese hombre, por ejemplo, que acaba de levantarse de la cama y que en el desayuno ha de lidiar con un hijo adolescente en vías de escaparse del sistema (quien dice un hijo dice una hija, otro puto genérico que no rula). Fíjese, si lo prefiere, en el hijo (o hija) que no comprende por qué el bobo de su padre, a punto de ser sodomizado por la reforma laboral, continúa obedeciendo órdenes. Da igual, quédese con el padre o con el hijo, el que más rabia le dé, los dos habitan en un mundo donde el griego, que hasta ayer era un beso, ha devenido en una forma de suicidio. Mírelos en el metro, enterándose por un periódico gratuito de que existe el hombre más feliz del mundo y que se exhibe sin pudor como un fenómeno de feria. A ver qué hacen los pobres, aparte de cagarse en todo, aun sabiendo como saben que si eres de los que te cagas en todo (o de las que te cagas en todo, otra vez el maldito genérico) no te patrocina ni la Fanta".

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