26 feb. 2013

La logoterapia de Viktor Frankl

Como Apéndice del libro El hombre en busca de sentido, de la edición comentada en este blog (Ver post), se incluye un resumen de los conceptos básicos de la logoterapia aparecido por primera vez en 1964. La logoterapia, conocida como la tercera escuela vienesa de psicología, es una psicoterapia creada por Viktor E. Frankl, muy influenciada por su vivencia como prisionero en un campo de concentración. Tiene como máxima el que: "la primera fuerza motivante del hombre es la lucha por encontrarle un sentido a su propia vida". Muy adecuada por tanto para dedicarle un poco de atención aquí.

El término logoterapia procede de logos (en griego "sentido", "propósito") y se centra en el sentido de la existencia humana y en la búsqueda de ese sentido por parte del hombre. La voluntad de sentido se contrapone al principio del placer (voluntad de placer) que rige el psicoanálisis freudiano y a la voluntad de poder de la psicología de Alfred Adler, de ahí que se la llamara la tercera escuela vienesa.

Según su creador, la logoterapia es un método menos introspectivo y menos retrospectivo que el psicoanálisis. Mira más al futuro, es decir al sentido y los valores que el paciente quiere realizar en el futuro: "Es una psicoterapia centrada en el sentido que pretende romper el círculo vicioso y los mecanismos de retroalimentación que juegan un papel tan crucial en el desarrollo de las neurosis, De esta forma se quiebra el típico egocentrismo del neurótico, en vez de encontrase constantemente alimentado y fortalecido".

En la logoterapia los pacientes se tumban en el sofá para oír cosas relacionadas con el sentido de su propia vida y a confrontar su conducta con ese sentido de la vida. Para Frankl, el sentido de la vida es único y específico porque es uno mismo quien ha de encontrarlo para que satisfaga su propia voluntad de sentido. Por eso, la logoterapia quiere ayudar al paciente en esa búsqueda activando la conciencia de la persona, el logos oculto de su existencia.

La búsqueda de sentido y de valores puede y debe nacer de una tensión interior y no de un equilibrio interno o de un vacío existencial. Precisamente esa tensión es un requisito indispensable de salud mental, es el reflejo de lo que uno ha logrado y lo que le queda por conseguir, es decir, la distancia entre lo que uno es y lo que debería ser.

La noción del sentido de la vida también lo entiende Frankl desde el ángulo inverso: "si consideramos que cualquier situación plantea y reclama del hombre un reto o una respuesta a la que sólo él está en condiciones de responder. Únicamente desde la responsabilidad personal se pude contestar a la vida". De tal modo que la logoterapia considera que la esencia de la existencia consiste en la capacidad del ser humano para responder responsablemente a las demandas que la vida le plantea en cada situación particular.

Para su aplicación la logoterapia utiliza la técnica denominada "intención paradójica", por la que se invita al paciente a realizar precisamente lo que teme, al menos por un momento o por una vez, y se induce a la "de-reflexión" (a olvidar y superar la tendencia a la preocupación) y el "autodistanciamiento" para la provocar la modificación de actitudes como motivadores del cambio.

Para termina este Apéndice, Frankl deja claro el posicionamiento de su teoría: humanista y existencialista. Considera que hasta ese momento la psiquiatría había estado interpretando la mente humana como una máquina y aplicando terapias excesivamente técnicas. Con su teoría apostaba por una psiquiatría humanizada que estudiara a los pacientes teniendo en cuenta el ser humano que se esconde detrás de la enfermedad.

Además, categorizando al psicoanálisis como "pandeterminista", asegura que el hombre es quien decide si cede ante determinadas circunstancias o si resiste frente a ellas. Si bien las cosas se determinan unas a otras, el hombre es su propio determinante y lo que alcance a ser, considerando el realismo de la limitación de sus capacidades y de su entorno, lo ha de construir él por sí mismo, por sus decisiones, y no tanto de las condiciones.

"Hemos llegado a conocer al hombre en estado puro: el hombre es ese ser capaz de inventar las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas mismas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shemá Israel en los labios".



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