12 may. 2013

El interés de Dalí por la ciencia

Acaba de abrir la exposición de Salvador Dalí en el Centro de Arte Reina Sofia, después de un gran éxito en el Centro Pompidou de Paris, con el sugerente título de "Todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas". Es un buen momento para hablar un poco más de las relaciones que mantuvo Dalí con las ciencias. En un primer post hablé de Dalí y su método paranoico-crítico (Ver post), volveremos con ello, ahora me interesa más su relación con las ciencias. ¿Y por qué hablar de ello en este blog?, pues porque creo que es interesante para aclarar su relación con temas que aquí hemos visto, directa o indirectamente, como son la creatividad, la percepción subjetiva o la paranoia.

Desde muy pronto, en los años 20 del siglo pasado, Dalí mostró mucho interés por los textos científicos y su máxima aspiración fue siempre integrar arte y ciencia, igual que los renacentistas. Creía que la ciencia conecta con la imaginación porque trata de describir lo desconocido. Por ello, y de forma exclusiva o combinada, se interesó por materias como las matemáticas, la física nuclear, la mecánica cuántica, la antimateria, la teoría de la relatividad, la teoría de las catástrofes, la estructura del ADN y hasta la inmortalidad del alma.

De todas ellas extrajo enseñanzas para plasmarlas en sus cuadros y en muchos casos contribuyó a su difusión. Sus interpretaciones eran siempre muy matizadas por su peculiar manera de expresarse y en muchas ocasiones no se sabía si entendía lo que estaba diciendo o era una mera estrategia para justificar los contenidos de sus cuadros. En el fondo, era un hombre de intuiciones con gran capacidad para asimilar diferentes teorías y volcarlas en su proceso creativo. Pero a la vez era, dicho por el mismo, contradictorio y paradójico, lo que le hace mucho más interesante.

Por ejemplo, cuando en abril de 1953 la revista Nature publicó el artículo en el que Watson y Crick describían la estructura del ADN, Dalí rápidamente lo incorporó a sus teorías y a su arte y, como siempre, dio publicidad y lo interpretó a su manera porque llegó a declarar que era la demostración de la existencia de Dios, cuando el propio Watson aseguraba todo lo contrario.

Un caso paradigmático es su relación con Einstein y la teoría de la relatividad. Cuando Einstein vino a España en 1923 Dalí ya conocía perfectamente sus teorías y se fijó especialmente en que según esa teoría la realidad no puede encorsetarse a un único flujo temporal. En su cuadro La persistencia de la memoria aparecen tres relojes que se han asociado al deseo de Dalí en reflejar que en un instante hay distintas temporalidades. Pero cuando años más tarde uno de los científicos con los que más se relacionó, Ilya Prigogine, le preguntó si esos relojes estaban influenciados por la teoría de la relatividad Dalí le contestó que no, que era la percepción surrealista de un queso camembert fundiéndose al Sol.

Otro de sus temas favoritos fue el principio de incertidumbre de W. K. Heisenberg. Por él llegó a pensar que la realidad queda influenciada por el observador y por tanto que de alguna manera podemos modificar esa realidad o verla de una manera diferente. Esta idea estuvo muy presente en toda su creación y le influyó en el desarrollo del concepto paranoico-crítico.

También se interesó por la física cuántica. Ya en los años 30 hablaba con gran visión de futuro de la mecánica cuántica y Erwin Schrödinger fue uno de sus referentes aunque no le importara que sus ideas fueran contrarias a las de Heisenberg.

Otros temas que fascinaron a Dali a lo largo de su carrera fueron la antimateria de Paul Dirac (en 1958 Dalí escribió el Manifiesto Antimateria), la inmortalidad del alma, de la que llegó a decir que no creía en la muerte, y menos la suya, porque si creyera le daría mucho miedo, o la física nuclear, que utilizó para trabajar con la fragmentación y el equilibrio atómico de la materia en sus cuadros.

Durante su vida siempre le gustó estar relacionado con los mejores científicos. Conocida es su amistad y admiración por los matemáticos Matila C. Ghyka, René Thom y Thomas Banchoff. Del primero utilizó mucho la "regla áurea", ya conocida por los griegos, para la distribución y el equilibrio de sus composiciones. De Rene Thorn asimiló enseguida la teoría de las catástrofes y sus curvas aparecen en sus últimas pinturas.

Con Thomas Banchoff, matemático especialista en representación de imágenes en cuatro dimensiones, mantuvo una intensa amistad. En el año 1975 lo invitó a Nueva York (Hotel The St. Regis) a raíz de un artículo publicado sobre el matemático en el Washington Post con una imagen de un hipercubo que él ya había incluido en su obra Corpus hipercubus, de 1954. En mayo de 1983, después de la muerte de Gala, Banchoff presentó a un enfermo Dalí sus últimas investigaciones de las cuales lo que más le fascinó fue la Superficie Veronese.

Tal era su afición por la ciencia que en noviembre de 1985 llegó a reunir en el museo de Figueras un congreso sobre el azar en la naturaleza con varios premios Nobel. Las charlas fueron seguidas por Dalí desde su cuarto a través de un circuito cerrado de TV. En este congreso se produjo un conocido enfrentamiento sobre las matemáticas y la realidad entre dos de sus favoritos Prigogine y Thom.

Cuando murió, en el año 1989, tenía en su mesilla de noche libros de Stephen Hawking, Matila Ghyka y Erwin Schödinger.

En breve volveré a insistir en el método paranoico-crítico y en las relaciones de Dalí con el psicoanálisis.

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