3 sept. 2015

Muere el neurólogo Oliver Sacks

Volvemos de vacaciones con la esperada y triste noticia de la muerte del neurólogo Oliver Sacks. Era un tema que se sabía, él mismo lo anunció, pero no por ello deja de ser muy triste que personas de su categoría tengan que desaparecer cuando podrían seguir aportando muchas cosas positivas para el género humano. Él se ha ido consciente y tranquilo, como lo confesaba a principios de año cuando anunció su enfermedad en The New York Times con un artículo/carta títulado My Own Life (Ver post). Sin duda, su legado, seguramente inacabado, servirá de guía y ejemplo a muchas personas.

Poco más se puede aportar en este tipo de noticias porque ya se está escribiendo mucho sobre el tema y por personas muy cualificadas (para más información se puede acudir también a su página oficial http://www.oliversacks.com/, de donde está extraída la foto de portada). Baste decir que su obra estuvo dedicada a tratar de entender el funcionamiento de la mente humana y, entre otras cosas, nos ayudó a cambiar la forma en que nos vemos a nosotros mismos y, más importante, a considerar y respetar a los demás, por muy diferentes que sean. Su legado queda a salvo a través de sus numerosos artículos, sus libros, entre ellos El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Veo una voz (Viaje al mundo de los sordos) o Un antropólogo en Marte, y a través de películas como Awakenings (Despertares, con la aparición del fallecido Robin Williams y Robert de Niro).

Como ya comenté, en febrero Sacks anunció que padecía cáncer de hígado terminal y este domingo 30 de agosto de 2015 ha fallecido en Nueva York, a los 82 años de edad. Después de su valiente anuncio de la enfermedad, este verano publicó, a finales de julio, otro memorable artículo titulado My Periodic Table (Mi tabla periódica, publicado en EL PAIS el 2 de agosto) en la que demostraba su amor por el cosmos, su afición a observar las estrellas o desvelaba su deseo de ir a Carolina del Norte para ver un centro de investigación sobre lémures, de los que especulaba como posibles antepasados suyos.

En este artículo se lamentaba de todo lo que se iba a perder por la cercanía de su muerte, entre otras cosas no poder leer cada semana sus revistas favoritas: Nature y Science. Además, hacía un bello relato sobre los elementos químicos del Sistema Periódico y su figurada relación con los años que iba cumpliendo. Así, no creía que pudiera ver su 83º cumpleaños, el Bismuto, y estaba seguro de que no llegaría al Polonio, el elemento numero 84. Merece la pena leerlo, de verdad.

Su última contribución fue el 14 de agosto, publicado también en el The New York Times. Con el título de Sabbath, Sacks hablaba de sus raíces y costumbres judías y de su odio por las religiones por su capacidad para la intolerancia y la crueldad cuando fue rechazado por su sexualidad. También anunciaba que en diciembre de 2014 había terminado su libro de memorias (On the Move, cuya edición en castellano publicará en breve la editorial Anagrama, ver post) días antes de enterarse de que tenía cáncer. Por ello, confesaba: "Estoy contento de haber podido completar mi libro de memorias sin saber esto, y de ser capaz, por primera vez en mi vida, de hacer una declaración completa y franca de mi sexualidad...En febrero, sentí que tenía que ser igualmente abierto acerca de mi cáncer" (*).

Estas fueron sus últimas palabras en el artículo:

And now, weak, short of breath, my once-firm muscles melted away by cancer, I find my thoughts, increasingly, not on the supernatural or spiritual, but on what is meant by living a good and worthwhile life — achieving a sense of peace within oneself. I find my thoughts drifting to the Sabbath, the day of rest, the seventh day of the week, and perhaps the seventh day of one’s life as well, when one can feel that one’s work is done, and one may, in good conscience, rest.

"Y ahora, débil, falto de aliento y que mis músculos antes firmes se desvanecen por el cáncer, encuentro que mis pensamientos, cada vez más, no tratan acerca de lo sobrenatural o espiritual, sino sobre lo que se entiende por vivir una buena vida y que esta merezca la pena (alcanzando una especie de paz con uno mismo). Encuentro que mis pensamientos me derivan hacia el Sabbath, el día de descanso, el séptimo día de la semana, y quizás también el séptimo día de la vida de uno, cuando uno puede sentir que su trabajo está hecho, y uno puede, con la conciencia tranquila, descansar" (*).

Para terminar, una frase de una de sus muchas entrevistas: "A veces, la enfermedad nos puede enseñar lo que tiene la vida de valioso y permitirnos vivirla más intensamente".

Gracias!

(*) Traducción propia

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