5 oct. 2015

Neurociencia de la felicidad

Ya dije en un anterior post que este verano había sido muy interesante en temas relacionados con los que aparecen en este blog. Una de las lecturas estivales fue el capítulo 5 del World Happiness REPORT 2015, del que ya hablé aquí, dedicado a los avances de la neurociencia en el conocimiento de la felicidad y el bienestar.

De la lectura, quizás hecha sin mucha profundidad por su contenido eminentemente técnico pero suficiente para extraer conclusiones, he podido deducir tres puntos importantes que quiero resaltar aquí antes que nada:


  • La interrelación entre los circuitos neuronales que intervienen en la razón y la emoción. Algo que hace años se consideraba por separado.
  • La constatación científica de que estas funciones cerebrales están relacionados no sólo con las emociones y la satisfacción con la vida, sino también con las medidas biológicas sistémicas que se asocian con la salud física.
  • La flexibilidad de estos circuitos para adaptarse a cambios y, por tanto, su capacidad para poder ser transformados por la experiencia y la formación.


El informe hace hincapié en el avance tan significativo que ha supuesto la utilización de las técnicas de neuroimagen para estudiar científicamente las bases neuronales de la emoción humana. Lo primero más destacable es que gracias a ello se ha descartado la tesis tradicional por la que se creía que la emoción y la razón estaban asociadas a sistemas cerebrales diferenciados (la emoción con estructuras subcorticales y la razón con la corteza cerebral). Actualmente se trabaja con la interacción de estas dos zonas en la regulación emocional.

Además, estos métodos han contribuido a mejorar nuestra comprensión de los diferentes componentes de la felicidad y el bienestar y en la investigación de las bases neurales de las emociones y su influencia en la salud. En el estudio se analizan cuatro componentes del bienestar: 1. Emoción positiva persistente; 2. Resilencia y recuperación después adversidades o emociones negativas; 3. La empatía, el altruismo y el comportamiento social; 4. Mind Wandering ("Mente errante"), Mindfulness y Affective Stickiness ("Rigidez afectiva"), como síntomas de la capacidad de capturar emociones.

Cada uno de estos componentes está relacionado con circuitos neuronales concretos pero con evidentes solapamientos. Todos se describen ampliamente en el informe y no es cuestión de relatarlo aquí por su especificidad (corteza prefrontal, cuerpo estriado, amígdala, corteza cingulada anterior y posterior, etc.). También se reconoce que se está empezando a estudiar cómo trabajan juntos sinérgicamente y cuáles son sus contribuciones relativas al bienestar. Lo que se sabe actualmente es que el bienestar se eleva cuando los individuos son más capaces de mantener las emociones positivas, de recuperarse más rápidamente de experiencias negativas, de participar en actos empáticos o altruistas y, finalmente, de expresar altos niveles de mindfulness.

Otro aspecto importante recogido en el informe es la diferencia entre el bienestar, medido por la evaluación de la vida, y la felicidad. Ya Aristóteles hablaba de hedonia (placer o bienestar momentáneo) y eudaimonia (vivir una vida plena). Así, un individuo puede tener potencialmente altos niveles de bienestar subjetivo y sin embargo no ser siempre feliz y sentir momentos de ira. De igual forma, si alguien se recupera rápidamente de los malos momentos los niveles de bienestar pueden mantenerse altos. Desde una perspectiva neurocientífica, se da por sentado la existencia de diferentes patrones de referencia de la función cerebral que distinguen la felicidad y el bienestar.

Finalmente, y casi más importante, en las conclusiones del informe se resaltan las repercusiones que tiene el hecho de que los circuitos que están implicados en el bienestar son todos flexibles al cambio, es decir que son capaces de cambiar y crecer, tanto en la función como en la estructura. Esta plasticidad se produce la mayoría de las veces fuera de nuestro control.

Existe evidencia de que con diferentes técnicas de entrenamiento, incluso tan a corto plazo como dos semanas, se pueden inducir cambios mensurables en el cerebro. Se trata de formas específicas de entrenamiento para cultivar el bienestar a través de la psicoterapia, la meditación y otras formas de entrenamiento mental para cultivar la atención plena (mindfulness), la bondad, la generosidad, etc.

En definitiva, algo que no es la primera vez que se dice pero está bien repetirlo, la felicidad y el bienestar se consideran habilidades que pueden ser mejoradas mediante la formación.

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