8 sept. 2016

El porqué de la diferente manera de gestionar el estrés

Este verano apareció en la revista TIME un interesante artículo sobre un estudio realizado por el Yale Stress Center, de la Yale School of Medicine, en el que se ha estudiado por qué algunas personas gestionan mejor el estrés que otras. El estudio concluye que existe una región de nuestro cerebro que explica estas diferencias y por qué algunos de nosotros somos más resistentes que otros, lo que supone un primer paso en el estudio científico de la resiliencia de los humanos.

En el estudio, los investigadores han analizado el cerebro de un grupo de personas durante una situación estresante para ver si existía algo diferencial a la hora de afrontar mejor el estrés. Se estudió a 30 personas sanas a las que se les sometió a sesiones de seis minutos, durante los que se les enseñaba imágenes estresantes o neutras, en concreto 60 imágenes de miedo, violencia, mutilaciones, persecuciones, etc. También se les enseñaron imágenes neutras como mesas, sillas y lámparas. La exploración se hizo con imágenes por resonancia magnética funcional (IRMf) en el momento del estrés y en momentos posteriores en los que continúa la reacción del cerebro.

Además, se les preguntó a estas personas sobre las formas en que respondían normalmente el estrés, es decir si lo hacían consumiendo alcohol, cambiando los comportamientos alimenticios, con qué frecuencia tenían discusiones, etc.

Durante las etapas de estrés, los investigadores vieron que ocurría algo interesante en una zona particular del cerebro, la corteza prefrontal ventromedial, una región implicada en la regulación emocional. Las personas que tenían más neuroflexibilidad y neuroplasticidad en esta región también eran los menos propensos a ser bebedores compulsivos o comedores emocionales, y eran menos propensos a responder al estrés de una manera emocionalmente destructiva.

Los resultados sugieren que esta parte de la corteza prefrontal tiene un papel fundamental en retomar nuestro control en momentos de estrés, un aspecto clave para nuestra capacidad de recuperación, de lo que se denomina resiliencia. Obviamente, dicen los investigadores, se necesitan más estudios para entender cómo aumentar la flexibilidad en esta región por lo que los investigadores creen que el suyo es un primer paso en la comprensión científica de la resiliencia.

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