26 nov. 2016

Memorias del estanque de Antonio Colinas. La felicidad tranquila


Bellamente escrito, como corresponde a un poeta, Memorias del estanque es un libro de memorias extraño y muy personal. Lejos de cotilleos o ajustes de cuentas a deshora ("hechos de unas memorias que nunca escribiré") prefiere centrarse en "instantes difíciles de explicar". Antonio Colinas, que a sus 70 años todavía está saboreando el Premio Reina Sofía de Poesía de este año, dialoga con su reflejo en un estanque para que le ayude ("el temblor de tu agua me hablará sin palabras") a desvelar la memoria de cuanto ha sido esencial en su vida: ¿cuándo surgió la llamada poética?, ¿por qué se quedó en Italia?, ¿por qué no se quedó en Ibiza?, sus estancias en La Bañeza (su tierra), Salamanca, Córdoba, etc.

"Yo fui un niño muerto. El agua me devolvió a la vida. Ardía el aire de agosto y ardía mi cuerpo a causa de la fiebre..." así comienza su diálogo que, para mí y con todo el respeto y admiración, tiene algo de narcisista, aunque a cambio ofrece una lectura placentera y sumamente relajante. Digo que peca de narcisismo no por la metáfora del estanque sino porque incluso él mismo parece tener esa sospecha cuando en la página 196 advierte que "nada hay en estas páginas de narcisismo, aunque lo parezca. El estanque no está para reflejar mi rostro sino para hablarme".

Pero lo cierto es que algo de eso hay en sus largas descripciones cultas y culturales, de encuentros con innumerables personalidades de la cultura, anécdotas o vivencias casi inabarcables, en algunos casos meramente enumerativas para dejar constancia de ello. Mención aparte puede hacerse de sus ricos comentarios sobre sus maestros como Aleixandre o María Zambrano, o incluso de sus diatribas sobre Nietzsche ("No me gustan los filósofos que sangran por la herida de su malestar, sino los que buscan la plenitud con su pesar") o Kierkegaard ("su potaje amargo de la existencia").

Centrándonos en los temas más relacionados con este blog, creo que el libro ofrece, entre muchas cosas, dos admirables reflexiones que quiero compartir aquí. Primero es su concepción de la felicidad, una más y muy personal pero que encierra sabiduría, presente a lo largo del libro. Para Colinas la felicidad es algo tan sencillo como: "estar en un jardín o en un medio puro respirando correcta y profundamente. Estando en armonía con el mundo. Y cerca un vasito de vino. Nada más...Todo es tan fácil, pero enloquecemos buscando la felicidad en movimiento y ansiando". En definitiva, "la felicidad está compuesta de soledad, serenidad y silencio". Lo relaciona con su temprana necesidad de soledad, de una huida hacia adentro para escuchar en silencio la música que brotaba de su interior que no era otra que la de las palabras.

Esa concepción de la felicidad se inspira en el estanque: "tú me revelas hoy este hecho primero desde tu soledad, con tu serenidad, con tu silencio verde....", y aparece en algunos de los poemas que incluye en el libro:

¡Han sido tan eternas nuestras vidas
en sus pruebas hermosas de dolor,
en los retos perennes
de la felicidad!

Esto me permite enlazar con el segundo tema que quería compartir aquí y es su fuerte convicción de que nos hayamos inmersos en la infinitud. Desde niño recibió la llamada de arriba, del firmamento, y se aficionó a la astronomía. Eso, junto a su primer viaje solo en un autobús, sintiendo un "sublime placer al ver discurrir los paisajes", quedó sembrado en su interior como "una semilla de infinitud".

Esa sensación le induce a confesar que igual que nunca venció en la vida y solo algunas veces ha convencido, tampoco ha ido "adonde quería ir sino adonde la vida me ha llevado". Asimismo, advierte que dentro de esa infinitud somos seres para la muerte, pero...: "Saber que somos seres para la muerte implica la aceptación, pero también la rebeldía, de que también somos seres para la plenitud; la concedida o aquella a la que aspiramos".

Se trata de un mensaje de motivación vital que acompaña con una clara asunción de la realidad cuando afirma que: "Hoy viviré esta noche con nostalgia, con añoranza, porque no se vuelve a vivir con la misma intensidad lo que vivimos, porque no se puede vivir lo que acaso sigue siendo un sueño".

Como he dicho, hay mucho más en el libro y lo mejor es disfrutarlo en soledad, con serenidad y en silencio.

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