17 nov. 2017

Lo que la tecnología permitirá en el año 2050

Se ha celebrado estos días un interesante evento con el título de "El mundo en 2050", organizado por Materia, la web de ciencia de EL PAÍS, y OpenMind. Su objetivo ha sido analizar lo que la ciencia podría depararnos en el año 2050, un horizonte lejano pero que para ciertas cosas está relativamente cerca. En relación con esta reunión, este mismo periódico publicó el domingo 12 de noviembre varios artículos que trataban de adelantar algo de lo que se iba a tratar en esa reunión, fundamentalmente sobre la evolución de la ciencia y sus posibles implicaciones para los seres humanos.

En este blog he tratado alguna vez temas relacionados con la tecnología y sus implicaciones en el ser humano, siempre desde la modestia y la curiosidad con la que trato aquí todos los temas. Y desde esa curiosidad me gustaría llamar la atención a algunas de las previsiones de los científicos que se incluyen en los artículos.

Para empezar, según el neurobiólogo español Rafael Yuste, cofundador del proyecto BRAIN, la tecnología va a suponer una revolución de tales proporciones que va a alterar la condición humana. Permitirá modificar el cerebro de las personas, sanas o no, indagar sobre su privacidad, o violar según se mire, y "dinamitar" conceptos como la identidad personal. Apuntaba en dicho artículo que según estas perspectivas necesitaríamos proteger nuestros derechos cerebrales como si fuese un derecho humano más.

Yuste cree que en unas dos décadas se podría haber descifrado el código cerebral, algo así como el genoma del cerebro, lo que supondrás “adivinar lo que la gente está viendo, casi lo que está imaginando”. Ello porque el uso de las técnicas que hoy día se empiezan ya a vislumbrar, en el entorno del año 2050 permitirán analizar la actividad cerebral de una persona e incluso manipularla para controlar sus actos.

Una primera consecuencia ética de estas previsiones es que se puede poner en duda quién es el responsable de nuestros actos, la persona o la máquina a la que se pueda estar conectado. Y concluye que: “Tenemos la obligación de pensar con cuidado sobre el futuro y diseñar reglas éticas para que estas tecnologías se usen para el bien de la humanidad”.

Aparte del posible control de nuestro cerebro, se plantea también la posibilidad de su modificación. En Berkeley (California) se está trabajando con una herramienta de edición genética llamada CRISPR que, como si fuera un procesador de textos, es capaz de editar el genoma de muchos seres vivos, incluidos los humanos. Así, es muy probable que en 2050 nazcan niños genéticamente modificados con CRISPR, u otra tecnología que parece se está desarrollando en Harvard, para concebirlos con unas cualidades determinadas.

No todo son amenazas en el horizonte, el lado positivo es que no solo los humanos podríamos aumentar nuestras capacidades mentales sino también que se podrá ayudar a los pacientes con enfermedades del cerebro como alzhéimer, esquizofrenia, párkinson, depresión o autismo. Asimismo, hay ya experiencias de comunicación de cerebro a cerebro en las que se intercambian pensamientos de forma directa. Por ejemplo, se comenta que investigadores de la Universidad de Duke han logrado transmitir mensajes entre dos roedores ubicados en diferentes continentes.

En fin, para que nos vayamos preparando para estas novedades conviene estar preparado al menos leyendo estos interesantes artículos: Los inventos que nos esperan en 2050 , Adiós a los coches en 2050 y En datos: así seremos en 2050.

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