12 mar. 2019

El circuito de la esperanza, el nuevo concepto de Martin Seligman

En el nuevo libro de Martin Seligman, del que hablé en un anterior post, este conocido psicólogo promotor de la psicología positiva introduce un nuevo concepto: “el circuito de la esperanza”. Su desarrollo conceptual está incluido en los últimos capítulos del libro y aquí trato de describirlo de forma breve.

Como cuenta en la última parte del libro, a finales de la década de 1960 él y su compañero en la Universidad de Penn, Steve Maier, siguieron caminos separados después de desarrollar uno de sus primeras aportaciones a la psicología, la indefensión aprendida. Seligman siguió trabajando en la indefensión aprendida aplicada en otros campos como la depresión, la psicoterapia, en las empresas o en el ejército, antes de emprender su exitosa carrera en la psicología positiva.

Por su parte, Maier se dedicó a asuntos más relacionados con nuestro interior. Los descubrimientos de Maier propiciaron que Seligman se replanteara su teoría y diera un nuevo enfoque a la teoría que había defendido durante años. En el libro reconoce que estaba equivocado y que la indefensión no era lo que se aprende sino que se aprende el control y el dominio. Es una diferencia sutil pero importante porque Maier descubrió los circuitos cerebrales que producen y evitan la indefensión.

Según razona Seligman, a medida que nuestro organismo evolucionó y se volvió más complejo empezó a detectar e identificar amenazas a distancia, se desarrollaron habilidades conductistas y cognitivas para controlar las amenazas. El control estuvo disponible incluso contra amenazas prolongadas. Así pues, la pasividad y otros ajustes de energía que se ponen en marcha cuando la amenaza es continuada deberían bloquearse cuando funciona el control.

Segú los últimos descubrimientos, una estructura cerebral junto con la corteza prefrontal constituyen el circuito, que denomina “circuito de la esperanza” y lo designa con las siglas NDR-CPFM. No podemos entrar en muchos detalles porque el mismo Seligman lo explica hasta dos veces consciente de la complejidad del tema.

Así, resumido y simplificado, se podría decir que nuestra respuesta por defecto ante acontecimientos negativos prolongados es la indefensión y el aumento de la ansiedad. Pero nuestros procesos cerebrales amortiguan, aunque no evitan, la pasividad por defecto.

En definitiva, reconoce, tras cincuenta años, que la indefensión es la reacción por defecto de los mamíferos pero a los humanos se nos ha dotado de este circuito que aprende a dominar los casos de acontecimientos negativos. Podemos aprender y enseñar que los acontecimientos negativos futuros serán controlables, lo cual nos protegerá de la indefensión y la ansiedad.

Para terminar, he de decir que el final del libro tiene una aportación un tanto discutible como es el afirmar que: “Entre la ciencia y la religión se puede comprender todo”. No entiendo muy bien este intento de Seligman de conceder a la religión un papel complementario a la ciencia, pero es su creencia y no hay más que añadir.

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