11 jun 2020

El concepto de la angustia de Soren Kierkegaard

Hace ya un tiempo que un amigo me preguntó la razón por la que en la lista de filósofos de referencia que incluyo en la "declaración de principios" de este blog (Ver ) aparece Sören Kierkegaard. Contesté pero me quedé con dudas y se convirtió en un tema que tenía en mente revisar. Aprovechando este estado de confinamiento por la pandemia COVID-19, por fin me he decidido a afrontarlo y releer El concepto de la angustia, como referente más conocido de la filosofía de Kierkegaard.

Mi recuerdo del autor danés, y mi máximo interés por él, se basaba fundamentalmente en la lectura de un libro al que di muchas vueltas de joven, así está de deteriorado como se puede ver en la imagen. Corresponde a un coloquio internacional organizado por la UNESCO en 1964 con ocasión del 150 aniversario del nacimiento de Kierkegaard. Lo publicó Alianza Editorial en 1968, con el título de Kierkegaard vivo, incluyendo las intervenciones y discusiones de Sartre, Heidegger, Jaspers y otros filósofos famosos.


La lectura de este libro me convenció. Me interesaron unas cuantas cosas que procuré asimilar y completar con más lecturas, por ejemplo con el ya mencionado El concepto de la angustia, que he refrescado y confirmado ahora con la perspectiva que dan los años. Podría resumir mi interés en cuatro aspectos.

Primero, me atrajo conocer el sentido de individualidad de una persona solitaria, una más buscando una soledad querida, no padecida, devenida en una gran interés en defender su propia individualidad y la ajena. Eso me gustó y mucho, como en el caso de Nietzsche, Schopenhauer y otros. Su sentido del individuo coincidía con mi sentimiento de que cada uno somos portadores de un testimonio único, de un mensaje particular que tenemos la responsabilidad de cuidar y transmitir, de enriquecer con él a nuestros semejantes. Como dejó escrito: "¡Qué riqueza infinita es la existencia! ¡Que un solo hombre, nada más que uno, sea suficiente, que un solo hombre sea el todo, y que con él sean posibles los mayores acontecimientos!".

Segundo, me gustó la experiencia vital de un ser inteligente, innovador y creativo que padeció una rigurosa enseñanza religiosa paterna, con la posterior y lógica apasionada negación. De ahí desarrolló una filosofía empírica y antisistema. Me sirvió para consolidar mi tendencia a huir de todo lo dado por supuesto, de todo lo establecido sin ejercer la reflexión y estirar la duda hasta el límite. Porque le gustaba practicar la mayéutica, una de mis palabras favoritas, por algo consideraba a Sócrates su maestro. Alguien lo llamó el "Sócrates de Copenhague".

Tercero, me introdujo y captó para la causa por su innovadora apuesta por la filosofía de la existencia. Es conocido que se le considera el primer precedente del existencialismo. Influyó en pensadores como Heidegger, Sartre, Unamuno, etc. Ya hable del existencialismo en referencia a Sartre (Ver post), una filosofía de la vida que me impactó. Es muy cierto que la propia realidad, la de cada uno, es la única realidad, que el hecho de existir es, más que cualquier saber, el interés absoluto y, sobre todo, que la decisión de la elección nos corresponde a nosotros. Pues eso, de todo esto hablaba Kierkegaard, qué puede haber más importante para nuestra existencia.

Por último, y por supuesto, el concepto de la angustia. Para mí, es difícil pensar que esté ligada al pecado, en eso no estoy de acuerdo porque no creo en el pecado. Sí creo que haya personas que sientan ese tipo de angustia pero me parece tan subjetiva como insustancial. El propio Kierkegaard dice que el pecado es una categoría de la individualidad, que no es un tema científico. Sí creo en su concepto de la responsabilidad de la libertad: “La angustia es el vértigo de la libertad”.

Creo que con lo anterior es suficiente para tener a Kierkegaard entre los principales pensadores que han influido en mi forma de pensar, en mi ideología. La lectura reciente de El concepto de la angustia me ha reafirmado en mis apreciaciones de hace unos años. Vaya por delante que es un libro muy espeso, no lo recordaba tanto, seguramente porque cuando lo leí pensé que entendía cosas que ahora no me parecen tan claras. Es de esos libros que tienes la sensación de que solo debe entenderlo al completo su autor. No obstante, el libro es de lenguaje claro pero con planteamientos muy sofisticados, enrevesados a veces, que giran en torno a tres conceptos, la angustia y su relación con el pecado y la libertad.

Sobre todo me ha sorprendido del libro las vueltas que da para explicar y justificar el pecado original y, por extensión, el pecado en sí. Sus explicaciones resultan más que dispersas circulares, sin que se encuentre una salida concluyente, por lo menos para mí. Puede que sea un atrevimiento decir esto pero es lo que siento, pero solo referido al pecado. Él mismo reconoce que en realidad el pecado no tiene domicilio propio en ninguna ciencia, solo pertenece a la Ética, es subjetiva y fácilmente se convierte en culpa, en vértigo.

Sí creo firmemente, y me entusiasma, cuando la angustia la liga a la libertad: "La angustia es la aparición de la libertad en cuanto posibilidad frente a la posibilidad". Puro existencialismo. El hombre es libre, no está determinado y eso nos lleva a la angustia, porque existen circunstancias que no controlamos, porque necesitamos tomar decisiones, elegir, renunciar, sentir el vértigo de la libertad, que para muchos no es fácil. Es preciso aceptarla y llevarla con nosotros, con orgullo, antes de llevar una vida sin sentido y sin ser nosotros mismos.

Para Kierkegaard el hombre se debate entre lo finito y lo infinito, se angustia, pero es un sentimiento diferente al miedo, porque este se refiere a algo determinado y la angustia es la realidad de la libertad. No hay ninguna angustia en los animales solo el hombre es espíritu existencial y cuanto mayor sea la profundidad de su angustia más perfecto será el hombre. "En el hombre sin espiritualidad no hay ninguna angustia; es un hombre demasiado feliz y está demasiado satisfecho y falto de espíritu como para poder angustiarse". Sobre esto afirma que "la mujer tiene más sensibilidad y siente más angustia que el varón".

Para terminar dos frases que me fascinan:

"Es preciso encontrar una verdad, y la verdad es para mí hallar la idea por la que esté dispuesto a vivir y morir".

"La vida hay que vivirla hacia delante, pero sólo se puede comprender hacia atrás".

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