2 jul. 2020

El confinamiento como metáfora de nuestra zona de confort

El confinamiento al que hemos sido obligados por la pandemia provocada por la enfermedad conocida como COVID-19 y la consiguiente fase de desescalada, que ha desembocado en lo que eufemísticamente se ha llamado en todo el mundo "nueva normalidad", me parece una buena oportunidad para reflexionar sobre nuestra tendencia a mantenernos en lo que se conoce como "zona de confort".
Son dos situaciones similares de las que se pueden extraer interesantes conclusiones.

La primera reacción de casi todos nosotros ante la necesidad de permanecer confinados en nuestras casas fue de sorpresa, bastante incomodidad y un fuerte desasosiego por lo desconocido de la situación. Ya fuera en soledad o en compañía, independientemente de cómo cada uno trató de solventar la situación, lo cierto es que llegó un momento en que estábamos más seguros en casa. El miedo a salir a la calle ha sido similar a cuando nos encontramos en nuestra zona de confort, estábamos seguros pero a la vez deseando poder salir, aunque eso conllevara un cierto grado de incertidumbre. Hemos sentido la curiosidad de asomarnos fuera pero nos entraba la duda de si debíamos enfrentarnos a algo nuevo. Desconfiábamos pero a la vez pensábamos que no sería mala idea probar, descubrir cosas nuevas.

Las diferentes teorías que tratan sobre la zona de confort suelen coincidir en que se puede representar como un núcleo rodeado de círculos concéntricos. El más interior es nuestra zona de confort y podríamos asimilarlo a lo que se conoció como "Fase 0". Este núcleo está rodeado de otro círculo que representaría una zona de riesgo moderado, en este caso podríamos hablar de la "Fase 1", es decir nos aventuramos con mucha cautela a territorios no explorados y que despiertan en nosotros incertidumbre.

Habría un tercer círculo, en este caso la "Fase 2", en el que sentimos que hemos avanzado, que hemos superado fases anteriores pero seguimos con la precaución inherente a situaciones de crecimiento asociados a la asunción de riesgos, pero estábamos convencidos de que había que moverse y seguir avanzando. Un cuarto círculo, la "Fase 3", representaría una zona en la que se corren más riesgos pero que se obtiene como contrapartida el crecimiento personal, la sensación de haber arriesgado y haber ganado con el cambio. Finalmente, más allá del cuarto círculo concéntrico, la "nueva normalidad", representa la zona de peligro, de "rebrotes", que nos mantienen alertas pero, si lo pensamos, todas las precauciones merecieron la pena porque hemos avanzado, hemos crecido personalmente y estamos confiados de que lo arriesgado ha sido para bien.

Mirando para atrás, el proceso ha significado que hemos pasado de un estado psicológico en el que llegamos a sentirnos seguros y a gusto, con la sensación de que controlábamos nuestro entorno y experimentábamos una baja ansiedad y aparentemente no queríamos cambiar, a otro estado en el que necesitamos apoyos, léase mascarilla, limpieza de manos, etc., pero somos conscientes de que salir de esa zona de confort nos ha beneficiado, hemos arriesgado pero hemos superado los miedos. El peligro a nivel personal hubiera sido que no quisiéramos pasar de la Fase 0 a la 1, quedándonos en casa por tiempo indefinido.

En psicología se utiliza la teoría de la zona de confort como un modelo que explica el proceso de crecimiento personal, como el tránsito entre la zona más tranquila hacia la zona de más incomodidad pero en la que se puede disfrutar el crecimiento. Cuando estábamos confinados llegamos a definir rutinas diarias en las que nos llegó a resultar más cómodo estar, con más tranquilidad pero de la que nos vimos forzados a salir ante las perspectivas de mejora. La ampliación de la zona de comodidad se ha traducido en indefinición pero también en aprendizaje, en crecimiento. Ha conllevado asumir riesgos pero lo contrario se había convertido en una limitación.

Se entra así de lleno en la psicología del cambio de la que ya hemos hablado aquí, lo que se conoce como sesgo del status quo (Ver post). Significa que nuestra reticencia para aceptar el cambio, incluso cuando es algo que nos interesa, está relacionado con la comodidad, el miedo al cambio, a salir de la zona de confort. Por eso, la principal enseñanza de este proceso es que la seguridad que sentimos al estar en la zona de confort nos está impidiendo crecer personalmente, que el temor a cometer errores nos limita la oportunidad de ganar nuevas experiencias.

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