23 feb. 2011

Martin Seligman es el inductor de todo esto

Este blog no existiría si no fuera porque hace unos años leí un libro del psicólogo americano Martin Saligman. Me gustó tanto y me sentí tan identificado que decidí continuar con lecturas parecidas. En realidad no hace mucho pero sí fue una especie de amor a primera vista porque en sus ideas encontré muchas cosas que en aquel momento bullían en mi cabeza. Después de esta lectura he ido leyendo más cosas de él y mi búsqueda se ha ido ramificando por autores similares citados por él de forma directa o indirecta. A medida que iba leyendo me iba resituando en experiencias pasadas en el ámbito laboral y personal. Por eso, me parecía obligado hacer una primera referencia al que se puede considerar inductor de esta iniciativa. Volverá a él en muchas ocasiones, seguro.

Como muchos sabrán, Martin Seligman es el padre de la Psicología Positiva, una alternativa complementaria a la psicología tradicional que se basa en el estudio de las fortalezas humanas frente a lo que hasta ese momento era una ciencia más enfocada al tratamiento de las enfermedades mentales o, según sus propias palabras, a corregir las debilidades. Para Seligman la felicidad no es una cuestión de suerte o algo dependiente de factores genéticos sino que se puede cultivar trabajando las fortalezas y virtudes. Mediante el desarrollo de estos aspectos se puede mejorar nuestra propia vida y la de nuestros semejantes acercándonos a lo que Aristóteles denominaba como “buena vida”.

Para empezar, una referencia de Martin Seligman en su libro “La auténtica felicidad”, es un poco largo pero establece muy bien lo que trataremos de aplicar aquí.

“La psicología positiva se basa en tres pilares: en primer lugar es el estudio de la emoción positiva; el estudio de los rasgos positivos, sobre todo la fortalezas y virtudes, pero también las “habilidades” como la inteligencia y la capacidad atlética; y el estudio de las instituciones positivas, como la democracia, las familias unidas y la libertad de información, que sustentan las virtudes y a su vez sostienen las emociones positivas. Las emociones positivas como la seguridad, la esperanza y la confianza nos resultan más útiles en momentos difíciles que cuando la vida es fácil. En épocas de dificultades, comprender y reforzar instituciones positivas como la democracia, la unión familiar y la libertad de prensa cobran una importancia inmediata. En tiempos difíciles, comprender y desarrollar fortalezas y virtudes como el valor, la objetividad, la integridad, la equidad y la lealtad, pueden resultar más urgentes que en épocas prosperas.”

Más adelante volveremos a las fortalezas definidas por Seligman.

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