18 may. 2012

Verdad, belleza y bondad reformuladas

Acabo de leer, por fin, el libro de Howard Gardner "Verdad, belleza y bondad reformuladas". Lo empecé con muchas ganas pero debo confesar que me he ido desinflando y al final la conclusión principal es que no es lo mejor que ha escrito, el tiempo me dará la razón, o no.

Quizás sea porque esperaba mucho del creador de la teoría de las inteligencias múltiples, entre otras cosas Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2011, pero en esta ocasión se desvía un poco de este tema y se enfanga en lo que parece una aproximación farragosa, tímida y tangencial a la sociedad digital sin terminar de criticarla pero tampoco defenderla totalmente.

El libro se desarrolla a partir de una serie de tres conferencias impartidas en el otoño de 2008 en el Modern Art de Nueva York. Lo primero que dice y lo más importante es que las tres virtudes, y los conceptos que representan, no forman parte del genoma humano, ni de la especie humana, en ningún sentido sencillo o evidente.

Sobre esta premisa, y reconociendo que todas las sociedades han desarrollado sus propias interpretaciones de estas virtudes intemporales, considera que la concurrencia de la posmoedernidad y los medios digitales puede entrañar, paradójicamente, el potencial de una segunda ilustración pero a la vez una perspectiva bastante diferente que ha dado lugar a una situación caótica.

Ahora se necesita distinguir lo que es verdad de lo que es pseudo-verdad, la belleza es sustituida por el impacto o la originalidad y la moralidad de las cosas se diluye en el relativismo. Por tanto, ya no es posible aceptar conceptos como la verdad, la belleza y la bondad sin un estricto análisis metacognitivo y circular, o tal vez sin escepticismo.

Por tanto, aunque se tenga un esquema de la verdad, la belleza y la bondad, estos conceptos se verán cuestionados en las décadas siguientes. Así, la búsqueda de verdades firmes, una ética universal y un consenso en cuanto a la belleza parece abocada al fracaso.

Aquí creo que reside lo más interesante del libro. Para Gardner la capacidad humana de trascender y modular los atributos que recibimos se refleja en la importancia de considerar las historias únicas y personales en cuanto a estas tres virtudes. Se opone así a cualquier fundamentalismo que evite cambiar de opinión.

Me gusta cuando advierte que un individuo está muy poco abierto a cambiar de opinión cuando se dan tres condiciones: a) Se ha adherido durante mucho tiempo a una determinada opinión; b) esa opinión contiene un fuerte componente afectivo o emocional; y c) ha definido públicamente dicha opinión.

Acaba con una llamada a la responsabilidad individual: "Nuestras acciones deben trascender los propios intereses. De ese modo, podemos aportar poderosos modelos que inviten a otros seres humanos a actuar de una manera cada vez más responsable".

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