6 jul. 2012

El estudio del optimismo

Hablamos hoy un poco más sobre el optimismo, es un tema principal en la psicología positiva y dará para muchas intervenciones. Ya comenté que está demostrado que las personas optimistas suelen tener mejor humor, mejor salud y tienden a tener más éxito en la vida. Al ser una característica de la personalidad, el optimismo determina la forma en que vemos las cosas y cómo se afrontan los malos momentos.

El estudio del optimismo tuvo uno de sus primeros hitos en la teoría de la indefensión aprendida de Seligman con la que intentaba explicar las respuestas de las personas a sucesos negativos: "Se trata de un estado psicológico que se produce frecuentemente cuando los acontecimientos son incontrolables, cuando no podemos hacer nada para cambiarlo, cuando hagamos lo que hagamos siempre ocurrirá lo mismo".

Hoy día hay dos perspectivas teóricas para el estudio del optimismo, el modelo explicativo pesimista-optimista de Seligman y Peterson y el modelo disposicional de Michael F. Scheier y Charles S.  Carver.

En el primer modelo, Seligman y Peterson ponen el énfasis en que el estudio del optimismo se debe basar en la forma en que se explica el pasado. Así, piensan que las personas explican los hechos futuros de acuerdo con lo que ha ocurrido en el pasado y, lógicamente, existen diversas formas de explicar los hechos o situaciones que hemos vivido, incluso el mismo hecho puede ser interpretado de distinta forma. Se distinguen dos estilos, el estilo explicativo optimista (EEO) y el estilo explicativo pesimista (EEP).

En ambos casos hay tres dimensiones descriptivas que ayudan a entender estos estilos:
  1. Personalización o de Internalidad/Externalidad, que da idea del grado en que uno se considera responsable del suceso atribuyendo a causas internas o externas los buenos o malos sucesos. Está muy relacionada con la autoestima. 
  2. Permanencia o de Estabilidad/Inestabilidad, que tiene en cuenta si la causa del hecho es duradero o es transitorio.
  3. Penetración o de Globalidad/Especificidad, cuando algo domina al resto de los otros aspectos de la vida o, al contrario, el hecho se considera circunstancial.
Las personas optimistas se caracterizan por las dimensiones de externalidad, inestabilidad, y especificidad y tienden a interpretar los hechos como controlables, transitorios y causados por situaciones determinadas. Disponen de más fortalezas personales para interpretar los problemas como algo superable, causado por algo concreto y fruto de circunstancias temporales o causadas por otras personas.

Por contra; las personas pesimistas se caracterizan por la internalidad, estabilidad y globalidad y piensan que sus problemas durarán para siempre (permanencia), impregnarán cualquier cosa que hagan (dominante) y serán incapaces de controlar estas situaciones (personal).

Considerar causas universales y permanentes para los sucesos positivos y causas específicas y temporales para los sucesos negativos constituye el camino de la esperanza y encontrar causas universales y permanentes para las desgracias y causas específicas y temporales para los sucesos positivos lleva a la desesperación.

El otro modelo, la concepción del optimismo como característica disposicional (OD) de Scheier y Carver, define el optimismo como una característica disposicional entre los acontecimientos externos y la interpretación personal, es decir, el optimismo está directamente relacionado con las expectativas que se tengan hacia el futuro.

De esta forma, los optimistas tienden a creer que todo lo que le ocurre va a ser positivo porque tienen esa predisposición de estabilidad y generalización y cuando les surgen dificultades las afrontan incrementando los esfuerzos para revertir la situación. Sin embargo, los pesimistas, al tener expectativas desfavorables no hacen esfuerzos para evitar los resultados negativos.

Ese es el motivo por el que las personas pesimistas padecen más estrés ante una situación adversa que los optimistas y los optimistas se recuperan mejor y son más resilentes y sufren menos depresiones que los pesimistas.

Se sabe que los genes influyen para ser optimista o pesimista pero también la educación y el entorno tienen su importancia.

Continuará.

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