14 oct. 2013

Si te distraes no serás feliz

Otro tema interesante tratado en el número especial de la revista TIME, del que ya hemos hablado aquí, es la biología de la felicidad. Para ello se utiliza el convencimiento de que los descendientes de los inmigrantes que llegan a Estados Unidos, de antes y de ahora, tienen una predisposición genética al optimismo y a identificar todo lo americano de manera diferente a lo que procede de otros países.

Se sabe que neurológicamente la felicidad es algo muy complejo y se conoce el importante papel de los neurotransmisores, la serotonina y la dopamina, en el sentimiento de felicidad. Los estudios sobre el cerebro realizados con imágenes por resonancia magnética funcional (fMRl en inglés) muestran niveles variables de la felicidad relacionados con la actividad de la corteza prefrontal izquierda, la amígdala cerebral, que procesa una amplia gama de emociones básicas, el área septal, que participa en la experiencia de la empatía, y en la ínsula anterior, que ayuda a focalizar nuestra atención con preferencia en las cosas que nos hacen felices.

Como se refleja en el artículo, investigadores de las universidades de Harvard y Boston analizaron el gen que se asocia a la actividad de los receptores de dopamina en el cerebro. El gen se presenta en varias formas que codifican tres aspectos relacionados con la felicidad: la ecuanimidad y la reflexión, el comportamiento exploratorio e impulsivo y el gusto para el riesgo y la tolerancia a la novedad. En sus análisis de personas de todo el mundo encontraron que las procedentes de África eran más propensas a llevar la forma del gen para la búsqueda de la novedad y que la presentación de ese gen que codifica la ansiedad y la evitación de riesgos es menos común en las culturas individualistas como la americana.

Por otro lado, a principios de este año, la neurocientífica Sylvia Morelli, de la Universidad de Stanford, y el psicólogo Matthew Lieberman, de la UCLA utilizaron el mismo método (fMRI) para estudiar cómo las personas respondieron con empatía cuando estaban observando imágenes felices o tristes de otras personas. Estas experiencias empáticas son un buen sustituto de las experiencias personales porque se procesan en zonas cercanas y superpuestas del cerebro.

En el estudio de Morelli y Lieberman, a los voluntarios se les hizo observar diversas imágenes, tanto cuando estaban libres para concentrarse en la tarea como cuando estaban tratando de memorizar un número de ocho dígitos que los investigadores les habían asignado. La conclusión fue clara y de trascendencia, estar distraído reduce nuestra empatía por los demás y cambia el tipo de respuesta del cerebro. Según esto, estaría casi demostrado que la distracción también puede reducir nuestra propia felicidad.

La conclusión es importante. En esta sociedad actual es muy fácil estar distraído, existen muchas atracciones, múltiples preocupaciones y suficientes atractivos, incluidas, por qué no, las redes sociales, los e-mails, etc. Todo ello pasa factura a nuestra capacidad de ser felices.

Por hoy nada más, seguiremos desgranando lo que incluye este interesante número de la revista TIME.

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