6 mar. 2014

El caso de Phineas Gage

En muchos de los libros que he leído sobre los temas que incluyo en este blog, que básicamente están reseñados en el apartado de "Mi biblioteca", me he encontrado repetidamente con el caso de Phineas P. Gage. Por ello, aquí van algunas pinceladas sobre este curioso tema, que es considerado fundamental en disciplinas como la neurología y la psicología. Fue la primera vez que se pensó que cambios en el cerebro podían provocar cambios en la personalidad y el comportamiento.

Fue el medico americano John Harlow el que hizo famoso el caso de Phineas Gage. Cage era un trabajador en la construcción de los ferrocarriles en los Estados Unidos que, cuando tenía veinticinco años, en 1848, se encontraba trabajando cerca de Cavendish, Vermont, en la construcción de una línea férrea. Según la historia, y no vamos a dudar de ello, era un hombre responsable con capacidad para gestionar tareas suyas y de los demás, serio y parece que sociable y buena persona.

Ese día, probablemente por un descuido en sus tareas a la hora de colocar la pólvora, se produjo una explosión que provocó que la barra de metal con la que trabajaba le atravesara el cráneo, dejando orificios de entrada y salida. La barra, de un metro de largo, tres centímetros de diámetro y más de seis kilos de peso, entró por la mejilla izquierda y salió por la parte superior aterrizando a varios metros de distancia.

Harlow fue el médico que atendió a Phineas P. Gage, que obviamente sobrevivió e incluso se mantuvo consciente después del accidente. La lesión afectó fundamentalmente al córtex cerebral anterior. En la actualidad se conoce con seguridad que los lóbulos frontales o pre-frontales desempeñan un papel fundamental en las facultades intelectuales superiores, incluido el razonamiento, la reflexión y la capacidad de elegir.

Por los cambios que experimentó Gage en su personalidad y comportamiento a raíz del accidente, se consideró en aquella época como una prueba de que los lóbulos frontales tenían influencia en las emociones, la personalidad y las funciones ejecutivas. Él se recuperó a los pocos meses pero nunca más seria la misma persona.

Como señala Rojas Marcos en el libro del que recientemente hablé (Ver post) se convirtió en un individuo sin ambiciones, irreflexivo, holgazán y con problemas de alcohol. Aunque no le dañó la inteligencia, el accidente sí le afecto en la memoria para hacer operaciones mentales y le produjo un cambio radical en su motivación y sentido de la responsabilidad. Perdió su trabajo y otros posteriores hasta morir doce años después del accidente víctima de crisis epilépticas. Según he leído en varios sitios, tanto el cráneo como la barra de hierro se conservan en el museo de medicina de la Universidad de Harvard.

En la Wikipedia, en su versión en inglés, hay mucha información y bibliografía para el que esté interesado por el tema. Además de la descripción del accidente hay varios esquemas y una impresionante foto en la que se le puede ver después del accidente, con la barra y con los daños sufridos en el ojo y la cabeza: También se pueden ver fotos del cráneo con las lesiones.

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