19 jul. 2016

A vueltas con el mindfulness

Cuando se pone de moda un término, una idea o un concepto, al final, de tanto usarse, se tergiversa, se distorsiona, incluso se banaliza y, cómo no, se mercantiliza. En el último número de la revista BuenaVida, editada por El País, hay un interesante artículo dedicado al mindfulness y las consecuencias de su sobreutilización y/o su validez. Se plantea la cuestión de si hay algo de ciencia detrás de ello o es puro marketing.

Es interesante lo que se dice en el artículo por parte de algunos profesionales, sobre lo que es y no es y sobre sus posibles efectos secundarios negativos. Me parece una buena aportación al debate. Lo primero que debe quedar claro, y así se dice en el artículo, es que el mindfulness no es una técnica de meditación como a menudo se piensa, ni siquiera un entrenamiento, es nada más que aplicar una capacidad de nuestra mente que permite estar atento a algo sin dejarnos distraer por otros impulsos secundarios. Sí es cierto que la meditación puede ser una de las técnicas para desarrollar esa capacidad, es decir para perfeccionar nuestra habilidad para practicar el mindfulness y aprovecharnos de sus beneficios que no son pocos.

Es cierto que las evidencias empíricas no están tan claras y por eso hay personas que conceden poca credibilidad científica al mindfulness. Pero lo cierto es que existen muchas publicaciones, incluidas las científicas, que hablan de sus beneficios para el bienestar. Una de las explicaciones científicas es que con la práctica del mindfulness se activan estructuras neuronales que tienen efectos positivos en el tratamiento de la depresión y en la emisión de un neurotransmisor relacionado con las emociones como es la serotonina.

Por otro lado, en el artículo se habla de los supuestos efectos adversos que se relacionan que el posible afloramiento de patologías ya existentes. Como refleja el psicólogo Enrique Rojas, asiduo en este blog, él no aconsejaría el mindfulness para pacientes obsesivos, aprensivos o que presenten muestras de excesivo nerviosismo. Otro aspecto comentado es que algunos pacientes en tratamiento por estrés o depresión puedan abandonar su tratamiento por el mindfulness lo que puede resultar arriesgado.

Asimismo, se dan consejos para practicar actividades muy apropiadas que favorecen el mindfulness: tocar un instrumento, pintar un cuadro y cuidar una planta. Son momentos en los que toda la atención se mantiene focalizada en algo y nos ofrecen momentos de placer parecidos a los que define Mihaly Csikszentmihalyi  como momentos de flujo.

Sin embargo, al final del artículo se vuelve a caer en lo mismo y se aconsejan algunas app para el móvil que son de meditación y que tienen menos que ver con el tema en discusión. Lo dicho, un concepto muy interesante y novedoso que procede del budismo (Ver post), y puesto de moda en occidente por los profesionales anglosajones, pero que corre el peligro de caer en las fauces de la mercantilización.

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