25 jul. 2016

Sobre los mitos de la psicología positiva

Como hace dos años por estas mismas fechas (Ver post) se calienta el debate sobre la psicología positiva debido a un artículo bastante descalificarte aparecido esta vez en una revista seria y profesional como es Papeles del Psicólogo, editada por el Consejo General de la Psicología de España. El artículo, con el título Mitos de la psicología positiva: maniobras engañosas y pseudociencia resulta bastante descalificante pero nada convincente.

Lo mejor es leerlo y opinar sobre lo que escriben sus autores, ellos son los únicos responsables de un contenido con aires de alguna revancha poco entendible. Sus conclusiones, poco argumentadas a mi juicio, son que la psicología positiva resulta decepcionante porque su discurso teórico carece de originalidad, que está plagado de sentido común (¿o sea que no son tan erróneos?, diría yo), que los hallazgos de su investigación no disponen del suficiente fundamento empírico (parece que está muy asumido que sí las hay, añadiría yo!) y que no alcanza cientificidad, rigor experimental, y una interpretación de los datos ética e ideológicamente neutral (desde mi punto de vista no es así pero voces más cualificadas responderán a esto). Termina asegurando que "Es cierto que aporta un lenguaje bonito, se podría decir, una felicidad lingüística, pero casi nada más".

En fin, como en la ocasión anterior, la Sociedad Española de Psicología Positiva (SEPP) ha respondido a este nuevo intento de descalificación con una carta, firmada por Carmelo Vázquez (Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense de Madrid, Expresidente de la SEPP y Expresidente de la International Association of Positive Psychology, IPPA) y Marisa Salanova (Catedrática de Psicología Organizacional Positiva de la Universitat Jaume I y Presidenta de la SEPP). De ella me permito incluir aquí el párrafo más sustancioso:

Dejando de lado el peso intelectual de las críticas, nos parece del todo inadecuado que la revista profesional del Colegio de Psicólogos reiteradamente permita artículos que revelan unas cargas profundamente sesgadas de juicios denigratorios de principio a fin. En este último caso, este sesgo se evidencia desde el propio título, y continúa vertiendo opiniones que no son sustentadas por datos o argumentos científicos sino por una hiriente animadversión que produce a veces sorpresa y a veces, por qué no confesarlo, hilaridad involuntaria. Así, se repiten argumentos ya leídos como el de que la Psicología Positiva habla de “auténticas trivialidades” y es “calderilla científica”, en la que se observa “demasiada especulación infundada, alquimia interpretativa y hermetismo lingüístico” (sic)-p. 136. Además supone ni más ni menos que una “traición a la epistemología de la virtud [sic], y una falta de honestidad profesional” (p.138), convirtiéndola en una “frustración psicológica y una desilusión social” (p. 138) y, en suma convirtiendo su “narratología afectiva” (sic) en “un conocimiento repetitivo, plagado de sentido común, y de filosofía no escrita del refranero popular” (p.140). Este es el tono intelectual del artículo, epígono de otros similares previos, de los que resulta difícil encontrar parangón en revistas profesionales o científicas que nosotros conozcamos. Nos resistimos a dar nuevas réplicas por escrito pues daría pie a seguir alimentando magros currículos ajenos.

Lo dicho, que cada uno opine después de leer el artículo, yo lo tengo muy claro.

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Datos personales

Páginas vistas en total