21 dic. 2016

El arte de amar de Erich Fromm


He vuelto a leer El arte de amar de Erich Fromm y me parece que sus ideas tienen todavía vigencia (el libro se publicó en 1956 con el título The Art of Loving) y justificada cabida en este blog. No solo por su concepción del amor tan personal sino también, y sobre todo, por su análisis sobre las repercusiones sociales de nuestra capacidad de amar.

No voy a recordar nada sobre este conocido sociólogo, psicólogo y filósofo humanista, para muchos heterodoxo y anticonformista, para eso ya está la Wikipedia. Me centraré en los aspectos sociales que me parecen interesantes para este blog. Como advierte al principio, la finalidad del libro es demostrar que el amor no es sentimiento fácil para nadie, sea cual fuere el grado de madurez alcanzado. Pretende demostrar, entre otras cosas, dos hipótesis: que todo intento de amar estaría condenado al fracaso si no se desarrolla la propia personalidad y que la satisfacción en el amor individual no puede lograrse sin la capacidad de amar al prójimo. Y para ello se necesita humildad, coraje, fe y disciplina. Al final la fe en los demás culmina en la fe en la humanidad.

Su hipótesis sobre el amor se centra en que los humanos tenemos conciencia de soledad y esa "separabilidad" es fuente de una intensa angustia. Como formas de aliviar la angustia, y abandonar la prisión de la soledad, habla de tres soluciones: la conformidad, la rutina y la actividad creadora. Estas tres soluciones las considera respuestas parciales al problema de la existencia. La solución plena está en el logro de la unión interpersonal, la fusión con otra persona; en el amor. Pero, frente al amor narcisista que no busca nada en el exterior, Fromm piensa que quien alcanza la madurez psíquica ama tanto para dentro como para fuera, con una mirada subjetiva y objetiva.

Establecidas estas premisas, cree que el amor es un arte y como todo arte requiere conocimiento y esfuerzo para aprender bien la teoría y la práctica. Sobre la teoría, Fromm habla de múltiples maneras de amar, que aquí no vamos a desarrollar. Desde el amor pasivo/sumiso o el activo/dominante hasta el amor maduro en el que se preserva la propia integridad e individualidad (este último es una actividad que implica ciertos elementos básicos: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento, todos ellos interdependientes). También enumera distintos tipos de amor: irracional, idolátrico, sentimental, proyectivo, etc.

Lo importante aquí es que el amor no es esencialmente una relación con una persona específica sino una actitud, relacionada con el carácter, que determina cómo se relaciona una persona con el mundo como totalidad, no con un objeto amoroso (como objetos amorosos habla de los amores de tipo fraternal, maternal, erótico, amor a sí mismo y amor a Dios).

En la última parte aborda la práctica del arte de amar. No es fácil porque amar es una experiencia personal que solo podemos tener por y para nosotros mismos, pero estamos dentro de una cultura determinada que también influye. Para que el amor pueda ser un fenómeno social, no una excepción individualista, la estructura social necesita cambios importantes y radicales, decía Fromm en aquel momento y parece que seguimos más o menos igual. Para ello, añade Fromm, "si el hombre quiere ser capaz de amar, debe colocarse en su lugar supremo, no vale traspasar la responsabilidad de ser feliz, es una decisión y un compromiso individual, no la responsabilidad de otro".

Y concluye:

"Si es verdad, como he tratado de demostrar, que el amor es la única respuesta satisfactoria al problema de la existencia humana, entonces toda sociedad que excluya, relativamente, el desarrollo del amor, a la larga perece a causa de su propia contradicción con las necesidades básicas de la naturaleza del hombre".

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