10 dic. 2016

Somos más fuertes que en la edad de piedra, pero no más felices. El datismo de Yuval Noah Harari

Esto es lo que piensa Yuval Noah Harari, científico e historiador del que últimamente he leído muy buenos artículos, entrevistas y críticas sobre sus libros. Con aseveraciones muy novedosas, interesantes y expresadas con tono muy didáctico, aunque algo inquietantes, este joven talento parece estar muy seguro de lo que dice. Habrá que estar muy atentos a sus planteamientos.

Yuval Noah Harari es profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén. En su nuevo libro, Homo Deus, especula sobre los retos que nos aguardan en el siglo XXI. Ya su anterior libro, Sapiens, fue un éxito en todo el mundo. Para esta ocasión está haciendo una intensa campaña mediática con la publicación de artículos y entrevistas que no dejan indiferente a nadie. Para empezar, en una de sus entrevistas, afirma que eligió el título de Homo Deus porque cree que "ahora estamos adquiriendo habilidades divinas y estamos transformándonos en los dioses del planeta tierra", se refiere a que ahora somos más poderosos que los antiguos dioses que no supieron resolver las plegarias de nuestros antepasados: plagas, desastres, etc.

Como escribe en sus artículos, y es la principal tesis de su libro (que habrá que leer), durante miles de años los humanos creyeron que la autoridad procedía de los dioses. Con el humanismo se apostó por transferir la autoridad de los dioses a los humanos. Harari cita a Rousseau cuando en su Emilio pensaba que nuestros sentimientos y deseos eran la máxima fuente de significado y que nuestro libre albedrío era por ello la más alta autoridad. Sin embargo, ahora se está produciendo un nuevo cambio propiciado por la tecnología que pretende legitimar la autoridad de los algoritmos y el Big Data, un nuevo credo que Harari califica como "datismo".

El "datismo" significa ver el mundo como un flujo de datos en el que los organismos son vistos como algoritmos bioquímicos en proceso de fusión en un sistema de procesamiento de datos omnipresente y abarcador. En esa inmensa capacidad del sistema de intercambiar bits nadie controla, es el flujo de datos el que ejerce como "mano invisible".

Los datistas creen que con suficientes datos y capacidad de procesamiento este sistema podría comprender a los humanos mejor que nosotros mismos. Y ahí viene la previsión catastrofista de Yuval N. Harari y es que: "Una vez que suceda, los humanos perderán su autoridad y prácticas humanistas como las elecciones democráticas se volverán tan obsoletas como las danzas de la lluvia y las armas de sílex". Pero, ¡menos mal!, se atreve a dar un consejo, el más viejo que hay, "¡Conócete a ti mismo!": "Mientras tengas más percepción y autoconocimiento que los algoritmos, tus elecciones seguirán siendo superiores y mantendrás al menos cierta autoridad en tus manos".

Insiste en que, actualmente, por mucho control externo que ha habido, es el cerebro el que entiende nuestros deseos y elecciones, porque los sentimientos representan la sabiduría acumulada por millones de años de evolución después de muchas y rigurosas pruebas de control de la selección natural. Pero el aviso de Harari es que una vez que los sistemas de Big Data nos conozcan mejor que nosotros mismos la autoridad pasará de los humanos a los algoritmos.

Cree que esto ya se está produciendo en la medicina y en las compras. Por ejemplo, antes los humanistas elegían los libros según sus gustos pero ahora es Amazón el que aconseja los libros que probablemente nos gustarán, de acuerdo a la información que tiene de anteriores compras o consultas. Y es más, gracias a la inteligencia de su lector Kindle, propondrá de acuerdo a qué partes de los libros leemos más o menos rápido o cuándo hemos abandonado una lectura. Pasos siguientes en el horizonte serán la elección de la pareja, dónde vivir o qué estudiar. Obviamente, estos sistemas probablemente acertaran más que nosotros pero también se pueden equivocar.

Habla de otro peligro que nos amenaza y es que, sobre todo con el auge de la inteligencia artificial, millones de personas pueden quedar fuera del mercado de trabajo, apareciendo una nueva clase, la de los "innecesarios". Además, gracias a la biotecnología, sería posible también traducir la desigualdad económica en biológica y desembocar en sociedades extremadamente desiguales.

Harari se atreve también con la religión, pero esa es otra historia que no procede aquí. En definitiva, atentos a lo que nos plantea porque luego no vale decir que no nos habían avisado: ¡Conócete a ti mismo!

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