9 may. 2011

¿Satisfecho en el trabajo?

Hay encuestas que demuestran que un alto porcentaje de personas están insatisfechas con su trabajo. Hay que tener cuidado porque lo que debe ser la referencia para medir está situación es el sentimiento interno de cada uno, nada exterior nos va a proporcionar un bienestar real y duradero y estas encuestas están normalmente contaminadas con este tipo de sentimientos. Los triunfos externos no aseguran que se sea feliz por dentro o, de acuerdo con las nuevas valoraciones que M. Seligman hace en su último libro a las que nos referimos hace poco, síntoma de bienestar.

Un factor importante a tener en cuenta es que raras veces las expectativas se cumplen y el sentimiento de frustración se apodera de nosotros. En realidad está en nuestras manos considerar las situaciones concretas como etapas de transición y mantener la mirada fija en las posibilidades futuras. Las expectativas serán siempre, o casi siempre dependiendo del carácter de cada persona, ambiciosas y egocéntricas.

Reside en nosotros la posibilidad de que reorientemos dinámicamente nuestras metas y re-planifiquemos nuestros cronogramas mentales. No hay que caer en situaciones tóxicas en las que derrotas parciales hipotequen el final de la contienda. Siempre tengo muy en cuenta una frase de Sartre que ni recuerdo dónde la leí ni a qué libro pertenece, pero hace años que la tengo muy presente y es: somos semicómplices y semivictimas de lo que nos pasa. Por tanto, nada de victimismos, a luchar y readaptar nuestras emociones de acuerdo con el presente. Es fundamental la actitud con la que afrontamos cada momento.

Para concluir, hay que ser muy conscientes de en qué momento nos encontramos de nuestra hoja de ruta y cuáles son los próximos pasos. Si consideramos que estamos en una fase valle es la hora de tomar aliento y procurar centrarnos en lo que hacemos, sus causas y las consecuencias que nuestros actos tendrán para nuestro futuro y el de nuestros semejantes más cercanos, ya sea familia o trabajo. Es el presente y rara vez lo podemos cambiar. Como siempre, hay que echarle voluntad y aprender a tomar las riendas de lo que nos pasa, en la medida de lo posible pero sin rendirnos a la primera.

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