21 nov. 2015

Los beneficios de la actividad física para el cerebro

Recién regresado del maratón de Atenas (donde se tiene tiempo para pensar muchas cosas, sobre todo si eres un corredor de los conocidos como "populares"), retomo un tema que me vino a la cabeza durante la carrera. Se trata de un artículo que había hojeado hacía poco sobre los beneficios del ejercicio físico en la salud y en el cerebro de las personas mayores. Con el título Working Out Doesn’t Keep Your Brain Young: Study, el artículo lo publicó la revista TIME y lo rescaté para leerlo y comentarlo aquí porque me pareció interesante.

Es indudable que la actividad física, sin excesos, tiene muchos beneficios para la salud, en eso coinciden los investigadores que publican el estudio. Está demostrado que el ejercicio, entre otras cosas, puede ayudar al corazón, disminuye el riesgo de diabetes, mantiene la presión arterial bajo control y ayuda a mantener el peso, pero ¿qué pasa con el cerebro de las personas mayores?, se preguntan los autores si la actividad física puede ayudar al cerebro.

En el estudio publicado en JAMA (The Journal of the American Medical Association) se llega a la sorprendente conclusión de que el ejercicio no ayuda a las personas mayores a mantener su función cerebral. Sin embargo, en estudios anteriores se dedujo que las personas que eran más activas tenían menos pérdida de la capacidad mental a lo largo del tiempo. Se pensaba que tiene mucho sentido porque la actividad física puede mejorar la circulación y mantener las neuronas con los nutrientes necesarios para su buen funcionamiento.

En la prueba se analizó a un grupo de 1.635 personas mayores, sedentarias, de entre 70 y 89 años. En el estudio han encontrado que el ejercicio, para la mayoría de los individuos, no proporciona los beneficios que se esperaban. Durante la prueba se seleccionó a un grupo de personas para realizar ejercicio moderado durante dos años. Las pruebas de la función cognitiva de los dos grupos, activos y no activos, después de esos dos años fueron prácticamente los mismos.

Ante estos resultados, los investigadores, tratando de ser positivos, concluyen que es muy probable que el ejercicio definido en la prueba no se haya realizado con suficiente antelación, en términos de edad, y que su duración no fuera la suficiente para que tuviera efectos significativos en el cerebro. Por ello, mantienen la esperanza de que el ejercicio sea algo que debe empezar antes, que los hábitos saludables a largo plazo son importantes para la salud y para el cerebro.

Sin embargo, sí se encontraron interesantes resultados en subgrupos específicos en los que encontraron que la actividad física si supuso una cierta mejora en la función cerebral. En los individuos de 80 años o más, por ejemplo, así como los participantes en la prueba más frágiles, sí se manifestaron beneficios en las funciones ejecutivas, como el recuerdo, la memoria y el aprendizaje. Por eso sugieren en el estudio que el momento y la duración de la actividad física pueden ser críticos.

Otro aspecto importante estudiado en paralelo fue el del estímulo social mediante la participación en diversas actividades en grupo. Las conclusiones son parecidas a las obtenidas respecto al ejercicio físico. Por ello, la recomendación final del estudio es hacer ejercicio y mantenerse activo físicamente, además de tratar de mantenerse cognitivamente y socialmente activo.

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