2 feb. 2017

Los ojos de la mente. Oliver Sacks

Se incluye en la biblioteca de Motivándote un nuevo libro de Oliver Sacks, Los ojos de la mente. Como en otras ocasiones, Sacks se mueve con maestría entre la literatura y la ciencia, sobre todo en la neurología, su especialidad, aunque en el fondo es un hombre culto más allá de sus comentarios científicos. Es otro libro más de los suyos en el que cuenta las historias personales de sus pacientes, es decir, yendo más allá de una mera descripción de los casos clínicos. Aprovecha también a intercalar aspectos de su autobiografía, que luego concentraría en sus memorias En movimiento, de las que hablamos ya aquí.


En esta ocasión, Sacks habla de la visión, de lo que llama "imaginería visual" y de cómo la visión forma parte de nuestra personalidad. Para el que fuera profesor de neurología clínica y psiquiatría en la Universidad de Columbia, la visión no solo nos permite ver sino ser. Porque a pesar de que los problemas de visión afectan a aspectos tan importantes como las habilidades de lectura, reconocer las caras o percibir el espacio en tres dimensiones, aun sin ver se puede comunicar. Para ello habla de la importancia del lenguaje, la visión y las experiencias subjetivas y cómo las describimos.

La lista de pacientes va desde casos como el de una mujer llamada Lilian, que a pesar de no distinguir las notas musicales sigue tocando el piano de memoria, hasta el de un profesor de religión en Inglaterra, llamado John Hull, que con su ceguera sirve de hilo conductor para uno de los mejores capítulos del libro, el último y que da nombre al libro, Los ojos de la mente. En todos los casos se resalta la capacidad de estas personas para compensar su ceguera desarrollando una enorme capacidad de la imaginería visual y de las descripciones visuales gracias a la capacidad evocativa y figurativa del lenguaje.

Todo el libro está lleno de casos interesantes y curiosos, como, por ejemplo, el de un viajero ciego que construía imágenes visuales de sus lecturas y sus propios recuerdos visuales. Gracias a ello, en sus viajes hacía preguntas a sus compañeros que hacían a estos fijarse en cosas que de otro modo pasarían por alto porque, como dice, "¡Cuántas veces la gente con vista acaba no viendo nada!".

Quizás lo más interesante, como en otros libros suyos, es cuando él mismo se convierte en paciente y nos cuenta en Persistencia de la visión lo que es un diario de cuando le detectaron un tumor en el ojo derecho, merece la pena leer cómo describe sus dudas, sus miedos y sus motivaciones para seguir adelante.

Me gustaría volver al último capítulo, Los ojos de la mente, porque en él concentra sus conclusiones y reflexiones finales sobre todo lo expuesto en las historias personales sobre la imaginería visual. Para ello toma como base, como ya he comentado, la historia de John Hull, un profesor de religión que perdió la visión de un ojo con diecisiete años, quedó ciego total a los 48 años y describió su experiencia en el libro Ver en la oscuridad. La experiencia de la ceguera.

Su conclusión es que hace tiempo que se sabe que el cerebro es capaz de llevar a cabo cambios radicales como respuesta a una privación sensorial: "cada vez hay más pruebas de las interconexiones e interacciones extraordinariamente ricas de las áreas sensoriales del cerebro". Así, dentro del cerebro algunas áreas de la corteza visual pueden reasignarse y utilizarse para procesar el sonido y el tacto. Con esta reasignación el oído, el tacto y los demás sentidos de los ciegos pueden adquirir una "hiperacuidad" (hipersensibilidad) que una persona que ve no puede imaginar. Resultaría difícil por tanto decir que algo es puramente visual, puramente auditivo o puramente lo que sea.

Y termina con una bella reflexión sobre cómo describimos las experiencias y el poder del lenguaje que me permito reproducir aquí:

"Se da aquí una deliciosa paradoja que soy incapaz de resolver: si existe de hecho una diferencia fundamental entre la experiencia y la descripción, entre el conocimiento del mundo directo y mediato, ¿cómo es que el lenguaje puede ser tan poderoso? El lenguaje, la más humana de las invenciones, posibilita algo que, en principio, no debería ser posible. Permite que todos nosotros, incluso los ciegos de nacimiento, veamos con los ojos de otro".

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