12 jul. 2011

La motivación, Capítulo I. El marco conceptual

Como lo prometido es deuda, inicio una serie de post referidos a la Teoría de motivación. Es un tema que me apasiona, como se deduce de lo dicho hasta ahora y como se puede intuir del nombre de este blog. Como no hay prisa, vamos a ir poquito a poco y al final lo mismo consigo algo consistente, tiempo al tiempo. Antes de nada quiero recordar que ya hubo un primer post sobre la motivación (Concepto de motivación. Primera aproximación), además de la definición de la RAE.

Para empezar basta con establecer el marco conceptual. En sucesivos capítulos iré colocando piezas en el puzzle hasta construir lo que espero que sea una aproximación teórica a un concepto tan complejo como es el de la motivación. Como referencia, o sea el fondo sobre el que iré poniendo las piezas del puzzle, voy a tomar la última edición de la Enciclopedia Británica en su entrada “motivation”.

La palabra motivación proviene del latín (en la Enciclopedia Británica se refieren a motivus y Ferrater Mora en su Diccionario de Filosofía habla de motivum) y significa algo así como una causa que mueve. Da idea de alguna fuerza que desde dentro o fuera de un ser provoca un determinado comportamiento o produce cambios conductuales como reacción a estos estímulos, internos o externos.

La motivación se categoriza a menudo en motivos básicos o primarios, que son los que no son aprendidos y son comunes a animales y humanos, y la motivación secundaria, o aprendida, que difiere de un animal a otro y de un humano a otro. Son motivos primarios el hambre, la sed, la evitación del dolor o el sexo. Motivos secundarios típicos de los humanos son el poder, el logro y otros muchos.

Los motivos también han sido clasificados dependiendo de si responden a necesidades interiores o a objetivos externos (en terminología anglosajona push y pull que vendría a significar “que empuja desde dentro” o ”que tira desde fuera”). Los primeros serían aquellos que conciernen a cambios internos que tienen el efecto de activar ciertos estados motivacionales. Los segundos representan metas externas que influyen en el comportamiento hacia ellos.

La mayoría de las situaciones motivadoras son una combinación de las dos condiciones. Por ejemplo, tener hambre puede ser en parte debido a cambios en los niveles de glucosa en la sangre, a la visión de un escaparate llamativo o sencillamente a que en ese momento sea lo único que hay para comer. Algunas comidas son más deseables que otras y, por tanto, ejercen una influencia diferente en nuestro comportamiento hacia ellos. El comportamiento es así, en general, una mezcla compleja de fuerzas internas y externas.

Es importante tener en cuenta que la motivación es una variable dependiente del tiempo. Un individuo motivado puede cambiar su interés después de un cambio en la fuerza motivadora, ya sea interna o externa. No es por tanto una característica personal estructural sino más bien una situación coyuntural.

También existe gran controversia en cuanto a si los procesos motivadores son innatos o adquiridos, es decir si están programados genéticamente o son aprendidos. Dependiendo de las épocas se han ido imponiendo unas teorías u otras si bien actualmente parece que está asumido que hay casos en los que predomina la genética y en otros es la influencia del entorno la que prevalece. Un ejemplo de esta ambivalencia podría ser la timidez, que puede ser el resultado de una predisposición innata de una persona mezclada con un entorno particular.

Asimismo, existe polémica sobre si los procesos motivadores son más mecánicos o cognitivos. Los primeros serían procesos motivadores automáticos relacionados con la genética y los segundos, lo que sería un acercamiento más moderno, estarían más relacionados con los motivos externos y adquiridos. Nuevamente, los investigadores asumen que algunos estados son relativamente mecánicos mientras otros son más cognitivos.

En lo que respecta al estudio de la motivación, se pueden diferenciar perspectivas diferentes, fundamentalmente tres: la visión de filósofos, fisiólogos y psicólogos. Desde una visión filosófica, siempre han predominado las teorías particulares de filósofos o escuelas por lo que la variedad es enorme y muchas veces contradictoria.

A nivel fisiológico la motivación se ha analizado mediante la utilización de técnicas de estimulación eléctrica o con el estudio de las reacciones en el cerebro con el uso de electroencefalogramas o con técnicas de manipulación del cerebro en animales. Así se ha demostrado la importancia de ciertas estructuras del cerebro en el control de las necesidades básicas como el hambre, la sed, el sexo, el sentido de la agresión, el miedo, etc.

La motivación también se ha estudiado a nivel psicológico, quizás la que más nos interesa aquí, intentando comprender por qué unas personas actúan de una forma y otras de otra. Teorías y métodos hay casi tantos como en el campo de la filosofía. Entre ellos, los psicólogos sociales han estudiado cómo la motivación de un individuo también se ve influenciada por la presencia de otras personas. Lo veremos.

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