30 abr. 2011

Allí donde todo comenzó

¿Qué tal si nos fijamos brevemente en las primeras referencias realizadas por los filósofos griegos a temas parecidos a los que aquí estamos tratando? Mentes racionales como las de los filósofos presocráticos y, sobre todo, de Sócrates, Platón y Aristóteles, tenían muy claro que la razón guiaba los actos del ser humano y que la presencia de cualquier factor o motivo externo, como las emociones, pueden ser dominadas. Para ellos, sólo los animales no controlan sus emociones o pasiones.

Los primeros pasos se centran en especulaciones cosmológicas en busca de la naturaleza última del mundo, el Cosmos. Son razonamientos que van más allá de las observaciones empíricas y de las soluciones mitológicas. Pero lo realmente interesante para nosotros es cuando los pensadores empiezan a poner su punto de mira en el hombre.

Varios aspectos me llaman la atención de los primeros filósofos presocráticos, el Nous de Anaxágoras, las teorías sofistas de Protágoras y las teorías éticas de los atomistas Leucipo y Demócrito.

Anaxágoras, acusado de ateísmo e impiedad, encarcelado y desterrado, busca una fuerza única que denomina Nous, mente o intelecto. La mente es lo único que no está mezclado, es la fuerza que mueve todo lo que se mueve, que impulsa a cambiar a todo lo que cambia y animando a los animales y plantas.

Otro condenado por impiedad fue Protágoras, en este caso por su profesado agnosticismo respecto a los dioses. No se conservan sus obras pero queda lo que otros dijeron de él, como Platón. Enseñaba a tener éxito a través de la persuasión y la elocuencia. Famosa es su frase de "el humano es la medida de todas las cosas, de las que existen, en tanto que existen, y de lo que no existe, en tanto que no existen". Nada es de un modo o de otro sino en la medida en que así le parece a alguien, incluido en los temas morales o políticos, es la esencia del sofista. Sus teorías son la base de la democracia cuando pensaba que la libertad de expresión y el respeto a las opiniones de los demás, en vez del uso de la fuerza, favorecían la convivencia.

Antes de ellos, Demócrito, probablemente uno de los autores más prolíficos de aquella época, aparte de su conocida teoría atomista, también dedicó muchas de sus obras a la ética. En gran parte de sus obras busca el equilibrio interno (que él llamaba "buen ánimo"). Se preguntaba por el fin de la vida humana y hablaba del buen ánimo, en términos parecidos al concepto de felicidad o bienestar. Dice Demócrito: “Tres son las consecuencias de ser sabio: deliberar bien, hablar bien y obrar como se debe”.

Según Cicerón, Demócrito descuidó sus bienes y su fortuna para buscar la felicidad, que hacía consistir en el conocimiento de las cosas. De esta investigación de la naturaleza quería que se originase el buen ánimo. Para Demócrito,  el buen ánimo es el télos (fin) de la vida.

Nada más, habrá oportunidades para hablar de los tres grandes: Sócrates, Platón y Aristóteles.

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