1 oct. 2011

La motivación, Capítulo II. La filosofía

Si seguimos la línea iniciada en el Capítulo I de la Teoría de la motivación, hoy toca hablar de la aportación de los filósofos en las teorías sobre la motivación. Lógicamente, a lo largo de la historia del pensamiento la opinión de los filósofos ha tenido mucha influencia, sobre todo en los primeros tiempos en los que otras disciplinas estaban menos desarrolladas y la filosofía era casi el centro de desarrollo del pensamiento humano.

Desde sus orígenes las teorías filosóficas han sido muy diversas
respecto a su consideración sobre el ser humano. Para unos el ser humano es racional y es plenamente responsable de sus actos y para otros es irracional o no es consciente de lo que hace debido a sus emociones, sus pasiones o por la influencia del entorno. Las primeras ideas (ver: "Allí donde todo comenzó") sobre la naturaleza humana se refieren a Grecia. Para racionalistas como Sócrates y, sobre todo, Platón y Aristóteles, el humano elige lo que la razón le dicta sin que intervengan factores ambientales o biológicos, mientras las emociones son más primitivas y deben ser controladas por la razón.

Una aportación fundamental de Platón fue considerar el alma dividida en tres dominios: razón, apetito y espíritu, lo que en la actualidad se llamaría en psicología: cognición, motivación y emoción. Lo explicaba mediante una metáfora: la razón es un auriga que controla dos caballos, un caballo es bueno (afectivo) y el otro es malo (apetitivo). Sin embargo, para Aristóteles las dos dimensiones del alma (racional e irracional) están integradas de forma que las emociones también conllevan elementos racionales.

También de Aristóteles es el concepto de libre albedrio. Se entiende como tal la capacidad de actuar libre y voluntariamente, es decir, que depende de nosotros todo lo que hacemos sin vernos obligados por alguna necesidad que nos domine. El libre albedrio fue universalmente aceptado hasta que perdiera fuerza frente al determinismo, que defendía que cada comportamiento tiene siempre un antecedente, una polémica que todavía tiene vigencia. Evidentemente, si  todo es resultado inevitable de causas previas, si todo lo que ocurre tiene una razón de ser, esa razón puede ser la motivación.

Otra aportación fundamental es la creencia de Aristóteles de que cuando nacemos nuestra mente es como una pizarra en blanco donde la experiencia va escribiendo nuestro carácter. Esta fue la base para estudiar los efectos del aprendizaje en el comportamiento.

En el siglo XVII el filósofo René Descartes propuso el concepto del dualismo mente-cuerpo que implicaba que el comportamiento humano podría ser entendido como una combinación de un alma libre y racional y de procesos automáticos del cuerpo. Su propuesta de que los procesos mecánicos e irracionales del cuerpo pudieran motivar el comportamiento bajo determinadas circunstancias llevó al desarrollo del concepto de instinto y supuso un contrapunto al énfasis puesto por Aristóteles en el aprendizaje como el concepto más importante en el control del comportamiento.

Hoy, el componente mecánico del dualismo de Descartes puede verse como el precursor lejano del estudio de los componentes genéticos de la motivación, mientras que su otra vertiente, las elecciones racionales, puede considerarse como una precursora de un acercamiento a la motivación más cognoscitivo.

Los filósofos empíricos británicos, por ejemplo John Locke, también contribuyeron en gran medida al desarrollo de teorías motivadoras modernas. El énfasis puesto por Locke en la experiencia sensorial se puede entender como una referencia al enfoque moderno del estímulo externo como motivación. Muchos psicólogos creen que una meta puede ser valiosa para nosotros gracias a la experiencia sensorial asociada a ella.

Locke también proporcionó el concepto de asociación. Una idea puede asociarse o enlazarse con otra para producir una nueva idea, más compleja. El concepto de asociación proporciona una explicación de cómo las experiencias no motivadoras pueden volverse motivadoras. El mecanismo es sencillo: si se unen varias veces  un estímulo no motivador con otro muy motivador el primero comienza a ser motivador por influencia del otro.

La investigación ha demostrado que, bajo algunas circunstancias, pueden adquirirse fobias o motivaciones positivas mediante la asociación. El mecanismo asociativo puede ser la explicación, por ejemplo, de la respuesta condicionada de Pavlov.

Bueno por hoy lo dejamos, continuará.


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